“
Pobre mi madre querida / cuantos disgustos le he dado”, es un viejo tema, que presenta un arrepentimiento del hijo, que cuando es mayor recién comprende los sacrificios de su buena madre. “Cuantas veces escondida, llorando triste y vencida / en un rincón la he encontrado”. No
alcanza todo el amor de mundo para brindárselo a una madre, porque es el ser que nos acuno nueve meses en su vientre, nos educó y protegió como una fiera cuida a sus cachorros cuando éramos niños y aún cuando uno es mayor se sigue preocupando por sus hijos. Es único ser en el mundo que nos
perdona todo, nos comprende y nos alienta, aún después de muerta. Hasta el hombre más déspota se inclina ante su madre; por ella es todo amor. “
Como sabe tú viejita lo que tú apuro reclama / te dejó sobre la cama la camisa favorita / bien planchada prolijita...”, nos dice Héctor Gagliardi. No hay un ser humano más solícito que una madre. Cuando son adolescentes no se duerme hasta que sus cachorros vuelven al nido, porque quiero verlos, acariciarlos, aconsejarlos; una madre es un bálsamo permanente, no tiene fisuras como el resto de los s eres humanos, cuando hay una adversidad, es la primera que va al frente a solucionar el inconveniente. Una madre es una guerrera sin espada, es un soldado sin fusil; ¿ pero para que lo quiere ?, si no le hace ninguna falta, ella tiene el mejor de los escudos: el coraje
. No he conocido madre que desfallezca, porque sabe que debe ser el ejemplo para sus hijos y su hogar. Trabajadora incansable, siempre le falta el tiempo, no le alcanza el día, porque se mantiene ocupada permanentemente. Una madre es como el amanecer siempre trae nuevas esperanzas. Su amor es inagotable.
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