Valentín era un joven obispo que vivió en Roma, en el siglo
III, d.C. Gobernaba el imperio romano Claudio II. El Emperador
había dictado un
decreto que prohibía a todos los
jóvenes soldados que iban a la guerra a contraer matrimonio. Valentín, abrazado
al cristianismo, consideraba injusta la medida y convocaba a las parejas a
escondidas para unirlos ante Dios. En poco tiempo Claudio II, tomo conocimiento
del hecho y envió a unos soldados a detenerlo y que lo llevaran a su presencia
al palacio; cuando estuvo cara a cara con Valentín, se quedó admirado por sus
fuertes convicciones y dignidad, no obstante el Emperador, trató en v ano de
convencerlo para que adorara a los dioses
romanos, porque de no hacerlo, le
esperaba una muerte segura. El obispo no aceptó y no solo eso, sino que
ingenuamente trató de convertirlo al cristianismo a Claudio II; éste de
inmediato lo hizo llevar a un un frío calabozo. Mientras esperaba la sentencia,
se enamoró de la hija ciega de su carcelero llamado Aesterius. Antes de ser
ejecutado Valentín hizo ver a la
muchacha ciega, milagro que se le atribuye, y le entregó un escrito que decía:
“ Soy tú Valentín”. Finalmente fue apedreado y decapitado el 24 de febrero del
año 230. Su fama comenzó a crecer y se
hizo muy popular, y los romanos comenzaron a rememorar el día de Valentín (
luego Santo) en lugar de su dios Lupercus, todos los años. Las practicas que se
abolieron eran que las muchachas y los muchachos se reunían en esa fecha y
ellas debían colocar su nombre en una urna, los jóvenes sacaban el papelito al
azar con el nombre de la jovencita y sería su pareja por un año; luego al otro
año, se repetía la elección y así sucesivamente.