El desprecio por los niños en distintos restaurentes, se ha puesto de manifiesto por
éstos días. Es muy difícil ir a cenar con la familia completa en varios lugares de la Capital Federal, porque no permiten que se ingrese con niños. Muchos padres se han sentido discriminados por éste hecho, pero los propietarios aducen que los niños son revoltosos y molestan a los demás comensales. Ya en algunos locales directamente se ven carteles que indican con firmeza tal decisión, violando fragantemente el derecho de los niños; sin embargo en algunos de esos lugares se ha visto a muchas parejas entrar con sus perritos mascotas.
Los perros si; los niños no. La niñofobia en toda su magnitud, No es solamente en esa ciudad, en otras provincias también ocurre lo mismo. Algunos dirán que es una irresponsabilidad llevar a los niños donde habitualmente se concentran personas mayores, pero peor es el caso de los británicos que dejaron durmiendo a su hijita en un hotel de Portugal y la secuestraron y ya se sabe el precio que pagaron esos padres. Los niños deben ir donde van sus padres y eso debe ser una constante, que todas las autoridades deben contemplar; en todo caso que los propietarios arbitren los medios para que cada
restaurante tengan lugar destinado a las familias que van con sus niños pequeños. La familia necesita salir con sus hijos para que reine la armonía, porque no se puede dejar a los infantes como si fueran unos paquetes, mayormente en la casa de los padres o de los suegros, o algún familiar de confianza.
Cuando una pareja trae un hijo al mundo debe disfrutar cada momento de su niñez, ya sea en su casa, en un restaurante, en el parque zoológico o cualquier otro lugar apto para niños. Basta de niñofobia.