“Te recuerdo noche y día / a cada instante en mi agonía / agonía que me causa / el no saberte solo mía”.
Aparecen en éstos versos en toda su dimensión la intención de un hombre enamorado de una mujer, la dudas que ensombrecen su ilusión en grado de pertenencia; de “saberte solo mía, sostiene. Se puede comprender en un ser enamorado que su pareja sea para él “una
propiedad privada”, pero cuando se analiza en profundidad, nadie se debe apropiar de la vida de nadie, porque eso sería sometimiento de uno para con el otro.
El verdadero amor es libre como el viento, por lo tanto no se puede retener caprichosamente; si una mujer no se siente contenida por el hombre, seguramente emprenderá raudo vuelo hacia otros brazos, buscando anidar en otro pecho sus impulsos de amante, talvez el hombre se olvidó de los pequeños detalles que hacen al laberíntico juego del amor; aparte delas relaciones íntimas plenas,
regalarle un buen perfume, una caja de bombones de chocolates, salir a ver una obra de teatro, caminar por el parque, ir a cenar a un restaurante de moda, o simplemente regalarle una rosa, como decía Leonardo Favio. El amor y la rosa roja, siempre estuvieron relacionados, porque el color rojo representa la pasión, que sabemos es parte del amor.
“ Yo quisiera que te quedes / para siempre entre mis brazos / inventaré caricias nuevas y mil formas de besarte ...”. El hombre lo hará, saben porque
; “porque es sonso el cristiano macho / cuando el amor lo domina” El hombre enamorado se vuelve un pavo y se conduce como tal, todo el tiempo que le dura, a veces cuesta salir de ese trance,
porque uno no lo busca, queda deslumbrado por una mujer y punto. Pero es tan lindo.