La violencia en las canchas argentinas de fútbol es una constante. Todos sabemos que
las barras bravas, tienen connivencia con los dirigentes de los distintos clubes. La
violencia se ha cobrado ya varias vidas, algunas de ellas de sectores de barras bravas opositoras, por “ajuste de cuentas”, pero también han muerto varios inocentes que solo fueron a ver un espectáculo. El deporte más popular de Argentina, se ha convertido en un verdadero campo de batalla y no dentro del campo de juego, sino entre las barras de hinchas aficionados que se viven hostigando. Las más altas autoridades del gobierno no encuentran como ponerle freno al asunto en cuestión. Ya dijimos que los dirigentes de los clubes favorecen los enfrentamientos, por lo tanto ellos no lo pueden parar. Los barras bravas, son una banda de unos doscientos o trescientos muchachones de cada club que comandan al resto de la hinchada y
son ellos los únicos favorecidos en recibir prebendas, como entradas para ver los espectáculos que las reciben gratis y luego las revenden hasta en diez veces más caras y mucho más si son extranjeros interesados, pasajes en avión cuando sus equipos viajan al exterior a jugar, reciben dinero de los jugadores estrellas de los clubes, etc. El gobierno está evaluando hacer jugar los partidos sin público visitante para paliar la inseguridad reinante, eso es lo mismo que comer un huevo frito sin sal; otro proponen que no asistan más ninguna clase de público a los partidos, sino que directamente se vean por televisión y otras propuestas vacías de contenido
. Los dirigentes deben hacer un estudio sociológico de la situación y sabrán que si prospera alguna de esas medidas, será peor el remedio que la enfermedad, porque la violencia se trasladará a los bares que en donde se concentrarán los aficionados.