El único vicio que no puede perdonarse es la hipocresía. El arrepentimiento del hipócrita
es de por sí una hipocresía. El hipócrita al adquirir algún crédito en cosas pequeñas, espera la oportunidad para engañar en cosas más grandes. Hemos conocido a personas que mienten nada más, por el solo gusto de mentir. A un embustero no se le cree ni aún cuando diga la verdad; es como el cuento del pastor mentiroso, que cada que vez que quería divertirse de su vecinos reclamaba ayuda porque decía que los lobos le comían los corderos, cuando los vecinos iban se echaba a reír, diciendo;” los he engañado”. Un día de verdad vinieron los lobos y comenzaron a atacar a sus ovejas, pidió ayuda y nadie respondió; ese es el precio de la mentira. Mi abuela decía que antes se pilla a un embustero que a un rengo. Los mentirosos en éste mundo son los menos, por suerte, porque la mayoría lucha por la verdad. La verdad construye, la mentira destruye, así como la hipocresía teje sus fingimientos para lograr posesionarse en algo o con alguien, hasta que se descubran sus verdaderos
sentimientos, le durará, pero la mentira siempre tuvo patas cortas. No va muy lejos, solo que en ese tiempo que transitó hizo mucho daño. Todos sabemos que las
mentiras se practican en todo el mundo, pero no recuerdo haber escuchado, ni leído tres hermosas mentiras en toda mi vida. La hipocresía y la mentira son hermanas, una finge sentimientos, la otra disfraza la verdad, hasta que le saquen la careta. Nada construido en base a la mentira tiene solidez; es como edificar una casa sin cimientos en una zona sísmica; al primer temblor se caerá. aunque duela se debe decir siempre la verdad, por eso un mandamiento divino es: no mentiras.