Los problemas se deben resolver de una vez y para siempre. Se logra, conociendo
la causa que lo genera. Un dicho muy popular dice que hay “que tomar al toro por los cuernos”, valga ésta metáfora para describir la actitud que se debe asumir. Un problema irresuelto frena el desarrollo normal de cualquier ser humano, lo mantiene nervioso, desconcentrado y de mal humor; son cosas sumamente negativas. Si el problema es sentimental hay que hablarlo todo con la pareja, porque ocurre, que algunas veces, se actúa por puras conjeturas, sé pre-juzga a quien lo acompaña sin ningún fundamento; un dialogo fluido dará la luz suficiente para allanar el camino, que permitirá sortear los inconvenientes. Si el problema es
financiero, es mucho más fácil resolverlo, pues ahí uno debe concertar, negociar un refinanciamiento, pero siempre se debe dar la cara, se debe actuar de buena fe y su acreedor reconocerá ese intento y llegará a un arreglo.
Lo peor que se puede hacer es “borrarse” o ser un fugitivo de las deudas; cualquiera puede tener un traspié financiero, o quedarse circunstancialmente sin ingresos, eso no indica que sea un delincuente, pues habiendo buena voluntad de ambas partes todo tiene solución, no hay que desesperarse por una deuda financiera. Si el problema es familiar, enfrentamientos de yernos con suegras, o nueras con suegros, que son muy comunes en todas la familias, se evitan aplicando el sentido común, no devolviendo agresión verbal con otra agresión verbal, porque la discusión de ideas es buena siempre y cuando no conduzcan a la ruptura; a la cuerda no la tensarás hasta que llegue a cortarse, en ese caso es mejor aflojar un poco
. La mejor posición para resolver un problema, cualquiera sea, es partiendo de la base que uno, no es dueño de la verdad absoluta.