“De la pieza ni te cuento / tres por tres su dimensión / los que viven allí dentro / del lunfardo del porteño / bien lo
tildan de ratón “. Vivir en una pensión es un
mundo diferente a todos; allí a uno le toca convivir con distintos personajes, que jamás hubiera imaginado que existieran, y eso ocurre en las grandes capitales del mundo como éste caso concreto en la Capital Federal de Argentina
. “En Almagro está instalada/ es pensión residencial / mucho frío, poca agua / es para todos igual ”. Eran 20, las piezas en alquiler y en cada uno habían tres camas y solo dos baños para sesenta personas.
“Si llegas a andar con prisa / lo debes tener presente / no intentes darte una ducha / ni cepillarte los dientes” Todo el que cae a una pensión, llega “muerto”, con muy poca ropa, sin dinero y consecuentemente sin comida y eso es cosa de todos los días, por lo general se vive de “changas” varias, en lo que sea para esperar una nueva oportunidad de “zafar” de esa engorrosa situación. Me tocó en suerte la
habitación Nº 20, ( porque están numeradas; no va usted a creer que no hay organización allí). Éramos tres jóvenes. Uno de Misiones, el otro uruguayo y yo, él mendocino.
“ Mucho mate, una guitarra / una radio baqueteada / y un reloj despertador / que despierta a las cinco / al pobre trabajador” La limpieza brilla por su ausencia, poco se usa el jabón, es que no hay calefón y
poco se toma en serio porque eso a un bohemio no le hace ni cosquillas; y se de pronto ves que la mugre se alborota, un ratón calificado hoy en eso no se fija. Almagro, habitación 20; éramos tan pobres