El conocimiento es una puerta abierta hacia la libertad. El conocimiento es el alimento del alma, es preferible saber
algo acerca de todo, que saber todo acerca de una materia determinada. Algunos sostienen que el
conocimiento del ser humano no puede llegar más allá de su experiencia, sin embargo si fuera así, de que valdría estudiar la historia del mundo. La gran misión del conocimiento, no es iluminar a un alma que es oscura de por sí, ni hacer ver a un ciego, no hace milagros, su misión no es descubrir los ojos del hombre, sino guiarlo ayudarle a gobernarse y dirigir sus paso a condición que tenga piernas para caminar
. También se debe comprender que el saber nadie lo presta, porque el mérito y el valor del conocimiento son proporcionales al mérito y al valor de su objeto. Todos quieren saber y lo peor del caso es que pretenden demostrar que saben y no saben; consecuentemente es preferible llamarse a silencio cuando uno no domina el tema en cuestión, porque hay veces que es mejor nuestro silencio que nuestras palabras. El conocimiento diremos entonces que es la salida inmediata a la
libertad, pero para encontrarla se debe pagar el precio del esfuerzo en conseguirlo primero. El hombre debe ver todo de una sola mirada y dominar el panorama para poder actuar, cuando se logra eso, es que tiene conocimiento de la situación.
El conocimiento es como el fuego, que primero debe ser encendido por un agente externo, pero después se propaga por sí mismo. Dijo un filósofo: “ Yo solo sé, que no se nada”; lo que les he enseñado sentenció el Buda a sus discípulos en un bosque, es este puñado de hojas que tengo en la mano, el resto del conocimiento son las hojas de esos árboles.