NO SOLO DE PAN VIVE EL HOMBRE
escrito por Luis Peña Rebaza (*)
Hace cerca de siete siglos atrás,
el gran humanista Dante Alighieri escribió en la “Divina Comedia”, que “los lugares más recónditos oscuros y profundos del infierno están reservados para aquellos que en épocas de crisis se mantienen neutrales”.
Esta meditación, surge a propósito de la situación de emergencia por la que en el Peru y en el tercer Mundo en general, vienen atravesando importantes instituciones dedicadas a la difícil e incomprendida labor
cultural.
Es imposible negar una larga serie de problemas de carácter socioeconómico que agobian a sectores importantes de la población, carencias en infraestructura básica, en educación, en salud, en vivienda. etc., pero también es necesario y urgente decirlo, en particular para que lo escuchen quienes tienen momentáneamente en sus manos los mecanismos de gobierno, que no solo de pan vive el hombre, sino de alimentar y hacer crecer su mente y espíritu.
La cultura es inherente al ser humano. Desde los inicios del largo proceso de civilización, cuando en las oscuras cuevas de Altamira, de Lascaux o más cerca en Toquepala, un incipiente artista comenzó a plasmar sus vivencias, sus anhelos y sueños en un muro de piedra o al compás de las palmas hizo brotar los primeros sonidos onomatopéyicos para tratar de volver menos pesados y más soportables y llevaderos sus ásperos avatares de sobreviviente.
Desde entonces mucha agua corrió bajo el puente.
Fatalmente muchos
gobiernos y gobernantes imbuidos de mediocridad y miopía política, consideraron a la cultura como la quinta rueda del coche, seria por ello que de manera magistral e irónica, el insigne maestro don Manuel Gonzáles Prada, dijera que la historia de muchos gobiernos en el Perú cabía en tres palabras: Imbecilidad en acción.
La abnegada tarea de salvar a la cultura, debe comprometer en esta contemporánea y salvadora cruzada al mayor número de personas e instituciones. Nadie puede ni debe sentirse al margen, mirar como un ermitaño desde la vereda de enfrente, desde la orilla neutral, aquella del conformismo, la pasividad e indiferencia que tanto daño le hace al país y camino tan tortuoso y pésimo ejemplo deja a las nuevas generaciones.
Evoquemos la memorable frase del sublime Dante, pero no como simple retórica o demagogia sino como un urgente llamado a la acción y a poner alma, vida y corazón en el loable intento.
Hagámoslo por el grandioso legado histórico y cultural que nos precede, por nosotros y por quienes más temprano que tarde nos sucederán… estoy seguro que ellos bien se lo merecen.
(*)Autor de los libros: "Peregrinación de la Palabra", 2003; "Atardecer de la Tierra", 2004.