La verdadera felicidad la encontrarás en tu hogar, por ello debes saberla construir y junto a tus seres queridos, tendrás que establecer los códigos de convivencia adecuados... y no es nada difícil hacerlo porque siempre se tendrá en cuenta como primera medida el respeto mutuo. Entre pareja cada uno ocupe su lugar, y desempeñe su rol. Cada uno debe desarrollarse de acuerdo con su personalidad. En la crianza de los
hijos no deben sobreponerse los roles; no es lo mismo el papel del padre que el de la madre. La figura del padre muestra la fortaleza, la de la madre la ternura
. No se debe gritar para hacerse comprender, ni él a ella, ni ella a él, tampoco con gritos se educan a los hijos, sino con razonamientos, que es lo que prende de verdad en cualquier mente. En cualquier caso ya sabemos los resultados de las prepotencias, cuando queremos imponer nuestras decisiones por la fuerza, una vez que uno no está desaparece el miedo y aquél que fue oprimido se siente verdaderamente liberado y actúa y hace todo lo contrario a nuestros deseos
. Nadie es dueño de la verdad, por eso la felicidad no se impone; se construye día a día, en base a comprensión y dialogo permanente. El hogar debe tener status de “
santuario de la vida”, cuando un hogar se transforma en el confín del aquelarre, entonces es cuando la felicidad salta por la ventana. La felicidad, en las
parejas no solamente pasa por tener sexo en plenitud, eso es muy necesario pero no lo es todo, la verdadera felicidad, se debe manifestar antes, durante y después de la relación sexual. Para que las parejas sean felices e incluyan a sus hijos, debe prevalecer la dulzura y la comprensión. Esa es la
receta de la felicidad. Inténtalo.
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