Puedo decir que llevo un año embarcado en una
aventura en la que
yo mismo decidí embarcarme. Sin pensar en principio,
en las con-
secuencias positivas de mi aventura, ni en el beneficio personal que
me iba a aportar en casi todos los sentidos.
Hace mas o menos un año, por fin, tome la decisión de descargar
una historia, que no se bien por que, tenia grabada como un boceto,
en el disco duro de mi cabeza.
Ahora se, que estoy escribiendo una novela...o que una novela me
está escribiendo a mi. Lo cierto es que contra todo pronostico,
comencé, y después de comenzar, seguí, y me fue envolviendo y
sacando cosas que yo no sabia que tenia dentro.
Me invente un personaje, que ahora vive. Me invente un lugar, que
ahora existe. Una historia que transcurre, y un mundo que puede
se real...o no.
En mi caso escribir una novela, hecha y derecha, es una aventura
o todo un reto, pues es ir contracorriente, ya que con un trabajo
absorbente y estresante, la falta de tiempo y todo lo demás, puedo
hasta sentirme orgulloso de que mi relato, aunque lento, siga andando.
Muchas son las veces que me he sentado delante del ordenador, y
después de un rato me he vuelto a levantar sin haber puesto un punto
o una coma.
Hay veces que me da por borrar, en un par de segundos, todo lo que
había escrito el día anterior, en un par de horas.
Sin embargo, siempre acabo diciendo lo que quiero decir, en la forma
que quiero decirlo.
Y eso me da la
seguridad de que estoy imprimiendo parte de mi, en
lo que estoy fabricando.
Todo esto viene a cuento, ¿de que?
Pues de que siempre deberían ver la luz las cosas que queremos contar,
que mientras se cuentan se disfruta, que si hay muros altos, también
hay altas escaleras. Y sobre todo, lo que
comienza...comienza a existir.