Uno no puede preguntarse nada sobre el quehacer humano en lo que se refiere a su valor o utilidad, si uno no se pregunta
lo que quiere.
En nuestro caso nos interesa saber ¿qué es educar?, ¿para qué queremos educar?, ¿qué clase de país queremos?
Antiguamente se vivía el pertenecer a una ideología política como la forma particular de devolver al país lo que el le daba al estudiante, en un compromiso explícito o implícito con la pobreza y los abusos.
Esto ha cambiado, hoy los estudiantes se encuentran en el dilema de escoger lo que de ellos se pide, prepararse para competir en el mercado laboral, y el impulso de empatía social que los lleva a desear cambian un orden político-cultural.
La
competencia no es ni puede ser sana porque se constituye en la negación del otro.
Bajo el discurso que valora la competencia como un bien social, uno no ve la emoción que constituye la praxis del competir, y que es la que constituye las acciones que niegan al otro.
A la pregunta de si en el encuentro mercantil hay alguna diferencia cuando los que participan son amigos, con respecto a cuando no lo son, se debe responder que no es lo mismo porque las emociones involucradas son distintas.
La competencia es un fenómeno cultural y humano y no constitutivo de lo biológico.
De esta forma la juventud actual está empujada a formarse para realizar un proyecto nacional implícito fundado en la lucha y la negación mutua bajo la invitación a la libre competencia.
Aristóteles definía al ser humano como un "zoon logon", es decir el animal o ser vivo dotado de "logos".
El amplio espectro de ideas involucradas por el término "logos" dieron origen a malas interpretaciones de esta idea y mutilaron la riqueza del término, de modo que la tradición distinguió al hombre de los otros animales por su pura
racionalidad.
Lo peor es que esta idea de definir al hombre por su racionalidad ha sido enseñada por generaciones de maestros a generaciones de escolares, quienes la han tenido que aprender por la razón o la fuerza y se ha convertido en una especie de anteojera que nos ha estado impidiendo a contemplar al hombre como un ser dotado de emociones.
Las emociones han pasado a categoría animal en el mal sentido de la palabra, en el sentido de negación de lo racional; cuando en lugar de ello lo apoya.
Nuestro vivir humano se constituye en el entrelazamiento de emociones y racionalidad, y todo sistema racional se funda en la emoción.
Las emociones son disposiciones corporales dinámicas que definen los distintos dominios de acción en que nos movemos.
Para la biología moderna la especie aparece definida como una configuración genética que se conserva a través de la historia reproductiva de una población y la evolución como el cambio en dicha configuración genética.
Maturana piensa que lo que lo que define a una especie es su modo de vida, la configuración de relaciones cambiantes que hay entre cada organismo y el medio y que se conserva como un fenotipo ontogénico.
El modo de vida del ser humano se gestó en la conservación del compartir alimentos, placer por la convivencia, etc. que es el lugar donde se da la operación en coordinaciones conductuales consensuales de coordinaciones conductuales consensuales que constituyen el lenguaje.
Si la educación chilena no lleva a que los niños y niñas chilenos se acepten y respeten, aceptando y respetando a los demás al ser aceptados y respetados, está mal y no sirve a Chile.