Tenías razón …Hace días
Te entregué una carta para que la leyeras y tal vez entendieras por todo lo que
había pasado, pensé que era mejor que no te fueras, sentía miedo, aprensión, temor del futuro sin ti. Debes saber después de tantos años de me cuesta mucho desprenderme emocionalmente de las persona a quienes amo, que me aferro demasiado a los sentimientos, que he vivido siempre en función de los demás, no de mi misma y hoy a mis 51 años me paro y trato con todas mis fuerzas y con mi mente de preguntarme ¿Qué es realmente lo que “yo” quiero y aunque parezca increíble y hasta risible. Escarbo en mi cerebro y mi corazón no tengo una respuesta concreta (no logro encontrarla). Pensé que con aquella carta me entenderías un poco más y de alguna forma retardaría tu partida; pero sabes tú tenías razón. Algo se rompió.
Como bien dices, tienes la capacidad de sacar a las personas que quieres de tu corazón, para no tener que sufrir. En realidad te envidio esa cualidad y lo digo de corazón sin críticas ni sarcasmos. Veo y siento que de alguna manera lograste sacarme de tu corazón, y aunque tratas de que funcione, se ve que ya no es igual que antes.
Entiendo has conseguido otros alicientes e intereses en tu vida (de lo cual me alegro de verdad) lo digo sin hipocresías ni dobles sentidos, siempre he sido transparente y sincera en cuanto a mis sentimientos para con todos, mucho más contigo que has sido el hombre de mi vida y no creo que mi corazón vuelva a sentir con la intensidad y capacidad de amor y desprendiendo (desde todo punto de vista) como el que he sentido por ti, pues para ello hay que tener el alma y el corazón muy jóvenes e ilesos.
Esta acotación no es para que te sientas mal o culpable, de ninguna manera; lo que pasa es que cuando se comienza a escribir y tu lo sabes mejor que nadie, las ideas y los sentimientos toman vuelo, los dejamos salir vuelan y vuelan sin que podamos hacer por detenerlos.
Pero, veo que te sientes completo con tú trabajo, con tú fábrica, con todos esos planes de crecer que tienes en mente y que vuelvo y te repito le pido a Dios con todo mi corazón te lo conceda, pues creo que te lo mereces y ésta vez con la ayuda de Lila y demás personal competente lleves a buen término tu cometido.
A la vez veo y siento que ya yo no entro en esos planes, no me necesitas, como dije, lograste sacarme de tu corazón. La cuestión está en que no me siento tu esposa, tu compañera, me has ido dejando de lado y me he convertido más bien en un compromiso y tal vez en una carga para ti, y creo que eso es lo peor que puede pasarle a una pareja, como bien dijiste en los días que decidiste dejarnos, esto ya no tiene sentido y pienso que no vamos a llegar a nada realmente útil para los dos. Cuando llegué de viaje te busqué, te deseaba en verdad y me entregué en cuerpo y alma pero de tú parte no hubo la misma reacción, no hubo el mismo “feeling”, de tantas otras veces, y sabes lo sentí enseguida, pero no quise verlo (no hay peor ciego que el que no quiere ver), me aferré como siempre pensando que tal vez pudiera volver a ser como hace tiempo, pero no, algo muy precioso se rompió y creo que ya no hay manera de restaurarlo en su forma original, tan pura, tan nítida, sin mácula, con toda esa seguridad y confianza que nos da la juventud, con toda esa fuerza que nos hace sentir invencibles y creer que nada ni nadie pudiera en algún momento cambiar o mermar ese amor tan grande que sentíamos. Pero ha n pasado muchas cosas y el corazón está lleno de curitas, y no me siento con fuerzas de seguir esperando que de vez en cuando me des unas migajitas, así no me sirve, ya no hay el respeto y la admiración que había, no sé si es conciente o inconciente pero en tus actos y tus palabras hay una especie de menosprecio, de desdén y todo ello me hace “mucho daño” pues sabes con los años se pone uno cada vez más sensible y la capacidad de tolerancia es menos. Y las fuerzas nos van abandonando y lo que antes era muy importante deja de serlo.
Y es la tristeza, el desgano, el desinterés y la soledad los que van llenando los espacios que deberían de estar llenos de ilusiones y de ganas de vivir y de hacer cosas para nosotros y los nuestros. Hace tiempo te dije que había estado saliendo de las puertas del infierno, tal vez suene muy teatral, pero hay que vivirlo para poder entenderlo y sabes que de lo único que “sí” estoy segura es que no quiero regresar a ese lugar, no quiero volver a sentirme así hundida en un pozo negro oscuro sin voluntad y sin fe.
Es cierto tú tenías razón