Crítica de la razón pura práctica: La voluntad es libre solo si es autónoma, es decir si puede darse
su propia ley. Por eso puede decirse que las leyes de la moralidad = leyes de la libertad.
La libertad no es algo que se pueda determinar por la experiencia: debe ser algo necesario, y por ende derivarse de la razón.
No importa que lo seres humanos no sean efectivamente libres en el mundo sensible: basta con que “tengan la idea de su propia libertad”. La libertad no puede conocerse, solo puede suponerse.
La libertad puede suponerse porque al ser seres racionales pertenecemos al mismo tiempo al mundo sensible y al mundo
inteligible. En el mundo sensible estamos bajo la determinación de las leyes naturales, de nuestros instintos, y de nuestras propias categorías.
En el mundo inteligible, esas determinaciones ya no existen: somos libres. Por ende, somos autónomos.
Por eso es posible el imperativo categórico: por que estamos sometidos a las leyes de la libertad del mundo inteligible, a estas leyes racionales y universales. Estas leyes son proposiciones sintéticas a priori, nos entregan conocimiento a través de la razón pura práctica. Y como el mundo inteligible determina al mundo sensible (las categorías…) entonces es posible aplicar las leyes del mundo inteligible al mundo sensible.
Y es necesario porque al estar también sometido al mundo sensible podemos no actuar según estas leyes, podemos actuar por inclinación: debemos, y podemos, constreñirnos.
Esta libertad no es más que una “idea” de la razón, como el mundo también lo es. Pero es la única forma que tenemos de pensarnos como seres inteligentes y de “conocernos a nosotros mismos” no solo como fenómeno sino como ser puramente racional. El mundo inteligible no se conoce, tenemos una “idea” de él.