La hipótesis de que sólo existe la
materia no sólo falla de manera inevitable, sino que es realmente improbable a la luz de la física cuántica. Los físicos afirman que, a niveles primordiales, la materia se comporta de forma menos determinista que estadística, que la
conducta exacta de las partículas fundamentales es en principio impredecible. Suponen que la caída de la
causalidad es una cuestión de segundo orden, ya que los electrones carecen de importancia a la escala de nuestra vida cotidiana, donde las leyes de la estadística permiten que la causalidad continúe reinando. Pero, desde un punto de vista filosófico, decir que la conducta de un electrón no tiene una
Causa natural equivaldría a sostener que su causa es sobrenatural. Lo que la física cuántica demuestra suena familiar a lo que la teología llama la acción inmanente de Dios en el mundo -que en todo momento Dios mantiene vivo todo el universo- hasta el último electrón.
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