SE DERRUMBA EL MITO DE LA CERTEZA MATEMÁTICA. No hay nada más seguro en el mundo que la matemática. Realmente en este punto deberíamos operar sobre los indicios de una máxima latina que dice: "inversus termini", es decir, "invirtamos los términos". ¿Qué hay de seguro, en nuestro planeta, la Tierra, luego de la caída del mito de la certeza matemática? La respuesta es un poco dura pero terriblemente real: "la muerte". Y por qué se preguntará, a tal punto a alguien de una certeza algebraica, como una simple suma: la adición de uno más uno no sería dos, sino que podría en ciertas condiciones, tener una suma distinta, particularmente en las aplicaciones de campo estadístico, jurídico y biológico. Es verdad que los números engañan, y una prospectiva fuertemente inquietante, si se piensa en la fuerte influencia que han tenido las cifras, desde la Antigüedad. ¡Que Pitágoras no se me revuelva en la tumba! Existe actualmente una escuela de pensamiento, de investigadores a nivel mundial, que ya han experimentado en numerosas oportunidades la falacia en el uso de los números a menudo utilizados con modalidades impropias, pero eso no resuelve el problema de fondo. ¿El "leitmotiv" es siempre el mismo, y se hace eco, mejor dicho, silba en nuestros oídos e involucran nuestra visión las tantas elaboraciones matemáticas en que se aventura la filosofía pura?. En muchas investigaciones estadounidenses, japonesas, inglesas, francesas e italianas, se evidenciaron todos los puntos débiles de la filosofía matemática actual y de la variedad de las subespecies que se derivan de ella. Queriendo proponer ejemplos prácticos, podríamos citar por ejemplo los análisis clínicos, que hacen referencia (según los métodos empleados) a resultados algebraicos, bastante diversos, con sus peligros interpretativos de parte de los médicos. Para no hablar luego de las aplicaciones estadísticas, que en muchos casos exceden la realidad si son tomadas como prueba, por ejemplo, en procesos judiciales penales. Podríamos, con gran estupor, descubrir que aquellos que maltratan a sus mujeres difícilmente las asesinan. En los Estados Unidos, un famoso personaje multimediático habría sido absuelto por el jurado, simplemente porque su abogado citó un dato manipulado que según él, liberaría de la culpa a su cliente. ¡¡¡Precisamente las mujeres maltratadas tienen una posibilidad en dos mil quinientas de ser asesinadas posteriormente!!! El dato combinado con la estadística, provocó en el jurado un fuerte condicionamiento, y al final O.J.S. fue absuelto. Podríamos continuar con los famosos indicios del examen del ADN humano, siempre a los fines de establecer la culpabilidad de un imputado en un proceso por homicidio: ocurre que en seis de las siete regiones del código genético, si se corresponden faltando la séptima no hay certeza de que sea un noventa por ciento culpable, pero se convierte en perseguido por la justicia, aunque yo agregaría que lo es en un diez por ciento. Según el famoso apotegma jurídico latino "in dubio pro reo" (en la duda se absuelve), ¿valdría también sólo con un magro diez por ciento de duda? Y todavía, todos esos gráficos "estupefacientes", en los cuales quizás se entiende dificultosamente quien los haya elaborado, son una ulterior demostración de cómo la matemática mal interpretada nos descarrila de la verdad. En un solo ejemplo en uno de tantos laboratorios de investigación, se explicaban los efectos colaterales de algunos fármacos a los voluntarios que hubieron participado en algunos proyectos. En el momento de la cuantificación se desató el pánico: uno de los voceros de la investigación hizo presente que aquel fármaco podía generar problemas de esterilidad de pareja en el 38,8% de los casos. Hasta que el porcentaje se tradujo en cifras: 38 de cada 100 pacientes habrían tenido problemas, más un quinto de un trigésimo noveno paciente, que por ley del redondeo, habrían sido en total 39 los pacientes con el problema. Esto demuestra, de manera irrefutable que muchas personas no sólo se confunden con los números, sino directamente no valoran con precisión el impacto real. Yo podría continuar así largo tiempo, pero sería inútil.
Una última reflexión: los científicos matemáticos positivistas consideraban, como sus predecesores, la matemática como una ciencia exacta, la más exacta. Bien podrían desengañarse todos un poco y dejar a un lado la excesiva y ostensosa seguridad de sí mismos y darse cuenta de que la perfección no es científica porque la ciencia es humana. Ergo, la única perfección que queda es exclusivamente la perfección divina, que está en el plano espiritual que trasciende la humanidad, el tiempo, las modas y ,"dulcis in fundo", las superestructuradas culturas humanas. Italo Lianza.