Los que
compartimos la vida con los animales, ya sean éstos, perros, gatos, hamsters y para aquellos que viven en el campo, caballos u otras especies, tenemos conciencia de que
ellos “sienten”. Yo miro a mi perra y me doy cuenta cuando ella está triste, contenta o contrariada, cuando tiene miedo y cuando se enoja. Cuando viene de pasear está tan
feliz que
se ríe. Cuando terminó de comer y sabe que “no hay más comida”
está contrariada. Cuando llega una persona a casa que no es de su conocimiento,
se enoja y su ladrido es como de indignación. Cuando está dormida profundamente y se despierta de golpe por algún estruendo,
está temerosa. En un determinado diario decía que los
animales no tienen emociones, sólo reacciones automáticas reguladas por los neurotransmisores... (?).
Los científicos que opinan así son dogmáticos y no ven la realidad, la que nosotros vemos a diario, aunque no seamos tan científicos, usando nuestro sentido común y la observación cotidiana.
Los animales no solamente tienen emociones, sino que
a veces sufren trastornos emocionales producidos por diversas causas. Por ejemplo,
los petardos, comunes en las fiestas de fin de año, producen en los perros más de un
shock emocional. Otros tienen terror a truenos, ruidos fuertes, sirenas... y esto puede ocasionarles
problemas de salud, como eczemas, epilepsia, trastornos intestinales crónicos, etc.
La Homeopatía, ciencia que se basa en la experiencia humana para resolver trastornos de diversa índole, es usada por los veterinarios con
resultados sorprendentes. Nuestros queridos animales pueden tener una
mejor calidad de vida. Eso
depende de nosotros, de nuestro amor, de nuestra comprensión y de nuestra dedicación a ellos. Nuestros perros, gatos u otros animales, son importantes integrantes de la familia. Démosles
el lugar que ellos se merecen y necesitan.
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