¡Qué fascinante! ¿Qué vendrá después? Todo esto entusiasma anticipadamente a los científicos, que
esperan encontrar
vida en Europa, una de las lunas de Júpiter cubierta de hielo, pero debajo
del que probablemente existiría un océano. Los análisis indirectos realizados a la superficie de Europa sugieren que contiene sales minerales, que son similares a las de los mares de la Tierra. Por lo tanto, de encontrarse
microbios en Europa, se supone que serían
parecidos a las extremófilas de nuestro planeta. Probablemente serían aún más parecidos a los bichos que se sospecha viven no sólo en las casi congeladas aguas del Lago Vostok, pero
al interior de los cientos de metros de sedimento acumulado en su lecho. Por ahora, los rusos a cargo de las perforaciones y sus colaboradores internacionales, están pendientes de que se perfeccione el sistema que les permita perforar, sin que se polucione la prístina agua con los contaminantes que reposan en las capas superiores del lecho. Una vez que se inicien los trabajos de perforación dentro de pocos años, los científicos esperan encontrar un medio ambiente comparable al de los océanos de la luna Europa. Lo bello es que las técnicas que vayan desarrollando en la Tierra, eventualmente serían aplicables a las investigaciones que algún día se lleven a cabo en aquella distante luna. Para los científicos, en cierta forma, resulta humillante el haber encontrado microbios donde ellos menos lo esperaban. Pero podemos estar seguros que esto tan sólo es el comienzo y que a los científicos esperan muchas más sorpresas. Recién estamos en el año 2008.
¿Cuántas cosas más se habrán descubierto hacia mediados del presente siglo? ¡Hablemos nuevamente en el 2050, cuando cumplas 55 años!
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