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Viva la Vida (continuación)

Autor : Christoph Wuth
Sinopsis de : ChristophWuthmoor
Visitas : 81  palabras: 900   Publicado el: enero 04, 2008
Pero diez años después, escudriñando las estribaciones inmersas en las profundidades oceánicas próximas a las islas Galápagos, tropezaron con algo totalmente inesperado: Complejos ecosistemas, formados por ignotas especies compuestas por gusanos tubulares de color rojo intenso hasta fantasmagóricamente blancos cangrejos y anémonas, se acurrucaban alrededor de volutas de agua tóxica, que se escurría a través de grietas en el lecho marino.

¡Qué interesante! ¿De qué se alimentaban los cangrejos?

En la base de la cadena alimenticia se encontraron microbios que, para sorpresa de los científicos, se nutrían únicamente de calor y veneno. El metabolismo de estos exóticos especimenes consiste en oxidar sulfatos, metano, hierro y otros metales. Después de largos estudios se comprobó que estos microbios se adaptan a un amplio rango de condiciones termales, desde temperaturas agradables hasta un calor infernal, mayor al del punto de ebullición del agua.
¡Vaya qué sorpresa tan fantástica; mucho mejor que ciencia ficción!

Si bien la resistencia de estos microorganismos tomó de sorpresa a los científicos, aún más les asombró su capacidad de ingerir hidrógeno, azufre, manganeso y otras sustancias químicas (en un proceso conocido como "quimioautotropía"). Hasta ese entonces se creía que todos los procesos vivientes dependían de la fotosíntesis, que emplea luz solar como fuente primaria de energía.
¿Y de qué se alimentan los microorganismos que moran en cuevas o en las profundidades del mar, donde ya no llegan los rayos del Sol?

Esas criaturas se alimentan de materia orgánica que a su vez es producto de la fotosíntesis. Esto implica que si la vida puede prosperar aún sin entrar en contacto indirecto con la luz solar, el espacio potencialmente apto para albergar seres vivos en realidad es mucho mayor al que nos imaginamos. De hecho, hay vida en casi todos los sitios donde los científicos comenzaron a buscar. Ya a partir de 1920 los geólogos alegaban que, de hecho, la presencia de ciertos contaminantes químicos en el petróleo era indicio de que alguna forma de vida debe existir bajo tierra. Nadie los tomó en serio hasta 60 años después, cuando los científicos del Departamento de Energía de USA se dieron cuenta de que si realmente existen los microbios subterráneos, éstos podrían jugar un papel importante en el control de la pureza del agua en los acuíferos. Así es que comenzaron a perforar tierra abajo y, en efecto, encontraron bichos viviendo a más de 460 metros de profundidad, aislados por completo –al igual que sus primos oceánicos- de todo contacto concebible con la superficie.
Nadie está seguro hasta qué profundidad se extiende la biosfera; por lo pronto se ha detectado vida a 3.200 metros de profundidad en minas de oro sudafricanas, consistente en veintenas de bichos resistentes al calor que, inmersos en aguas subterráneas, se alimentan de hidrógeno. Muchas de estas extrañas formas de vida consisten de bacterias, pero otras, que los biólogos descubrieron en grietas de escape y aguas termales, resultaron ser algo totalmente distinto. Tras analizar minuciosamente sus genes, los científicos determinaron que si bien comparten algunas características claves con las bacterias (tal como ausencia de núcleo celular), sus genes se aproximan más a los de células de una categoría superior. Esto condujo a la reclasificación de estos extraños organismos. Antes las bacterias se clasificaban como Procariotas, mientras que los demás, incluyendo hongos, plantas y personas, se clasificaron como Eucariotas. Debido a los descubrimientos, se hizo necesario agregar el tercer grupo, denominado Arcaidos. Estos son los seres que están revolucionando las ideas tradicionales sobre el origen de la vida.

Por tanto, los Arcaidos posiblemente resultan ser los parientes más cercanos de los primeros seres vivos que poblaron la Tierra.
 Así es, porque por una parte su configuración genética sugiere que, aunque no se desarrollaron tanto como los otros dos reinos, sin embargo proceden del mismo ancestro común a toda forma de vida terrícola. Por otra parte, la mayoría (pero no todos) los Arcaidos son extremófilas que habitan a altas temperaturas, y la tierna Tierra estaba plagada de actividad volcánica, tanto en las cadenas montañosas como en el fondo del los mares. La joven Tierra así mismo estaba saturada de algunas sustancias químicas punzantes y abundaban los metales de los que suelen medrar las extremófilas. Pero si las extremófilas, amantes de las altas temperaturas, representan a los primeros habitantes de la Tierra, entonces aquellas extremófilas "aficionadas" a las gélidas temperaturas podrían ser indicio de la clase de criaturas que podrían residir más allá de la Tierra, en lugares del sistema solar que hasta ahora se consideraron inhabitables. Puesto que las superficies de los planetas a ser estudiados están congeladas, las investigaciones se enfocarán más hacia ambientes de mayor frío. El hielo de los mares aparentemente es sólido, pero en realidad se encuentra atravesado por minúsculos poros y canales llenos de agua muy salada. Los microbios, que se encuentran en hielo del mar deben sobrevivir el frío en un rango de temperaturas que va de 0° C a -35° C. Entre éstas hay un género estrechamente relacionado con las bacterias que se encuentran a grandes profundidades en el mar, lo cual podría significar que la adaptación al frío de alguna manera está relacionada con la adaptación a la presión alta.

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