El cosmonauta número 34 Gueorgui Grechko en vísperas de la celebración del Día de la Cosmonáutica (12 de abril) de este año,
concedió una entrevista al periodista Yuri Plutenko.
Confiesa que tuvo conocimiento previo del lanzamiento que se haría el 12 de abril de 1961, de una nave espacial Vostok con Yuri Gagarin a bordo, desde el cosmódromo de Baikonur, en Kazajstán perteneciente para esa época a la URSS, y del seguimiento del despegue y aterrizaje.
Da fe de un Gagarin sencillo, accesible y colaborador, a pesar de estar en la cima de la popularidad y de contar con gran prestigio.
En el cosmos miraba atentamente por la ventanilla de la nave en busca de ver seres extraterrestres, pero fue en vano, aunque no pierde la esperanza de lograrlo. Espera el solsticio de invierno del 23 de diciembre de 2013, fecha que según manuscritos antiguos chinos e indios pronostican un hecho asombroso. Coincidencialmente ese día termina el calendario maya, y argumenta que los mayas no han podido por si mismos elaborarlo, porque para eso se necesitaba de un telescopio y un reloj preciso, elementos que ellos no tenían, por lo tanto alguien les entregó el calendario. Lanza la hipótesis de que quien (extraterrestres) creó el calendario vuelva, ya sea para prolongarlo o para generar un diluvio como represalia por lo mal que tratamos nuestro planeta.
Es un critico del sistema de estaciones orbitales multibloques, porque al estar estos bloques enlazados entre si rígidamente y dirigirse uno de ellos al Sol, otros quedarán dirigidos al instante hacia la Luna, planetas, estrellas, etc., en forma ociosa. Esto hace que ha pesar que haya más equipos y bloques en una estación de esta clase, se vuelvan menos eficientes y más costosas para su mantenimiento y operación, al tener en cuenta que se necesita para su funcionamiento una tripulación permanente. Presenta como ejemplo de lo inoficioso de estas estaciones, el hecho que el satélite Hubble en quince años sólo ha tenido tres o cuatro reparaciones, y que aunque consta de un solo bloque aporta igual información como la de una estación. Refuerza esta crítica cuando hace eco del actual director de la NASA (EEUU), quien ha expresado que la EEI (Estación Espacial Internacional) no tiene nada que hacer y que este proyecto es una solución errada.
Cree que es necesario que en forma pronta se inicie la fabricación de naves más grande, y con modificaciones en el sistema de aterrizaje con relación a las actuales naves rusas, de tal manera que al retornar de un vuelo del cosmos, pase a través de la atmósfera como una cápsula espacial y, al frenar en la atmósfera, despliegue unas alas rígidas aterrizando como un avión. Sería de hecho un híbrido de cápsula espacial y avión.
Enfatiza el gran adelanto que se tiene en comparación con los estadounidenses en la creación de sistemas de supervivencia en ciclo cerrado, es decir autosostenibles, todo se recicla; especialmente útiles en períodos largos previstos en vuelos interplanetarios, no mas hacia Marte actualmente se dura entre un año y medio o dos años, lo que sería imposible de aplicar el sistema de envío de cargadores espaciales que se usa en el momento para la EEI. Se debe preparar la nave para que también sirva de almacén volante.
Expresa su temor de que si no se fabrican las naves de acuerdo a las nuevas exigencias, si no se garantiza la financiación de los programas de exploración espacial proyectados y se mantiene la fuga de los mejores cerebros al extranjero, Rusia quedará rezagada y perderá competitividad en el cosmos.
Saca como positivo la intervención en la EEI de varios países, porque cada cual sabe hacer algo mejor que otros, además que los programas espaciales son muy costosos, y no todos los países actualmente están en condiciones de realizar experimentos de una u otra clase.
Finalmente tiene la premonición que el primer vuelo tripulado a Marte, estará conformado por integrantes de varias naciones.