El Misterio de la Estrella de Belén
El primer versículo del 2° capítulo de Mateo ha provocado enorme discusión teológica y
astronómica sobre la naturaleza del cuerpo celeste descripto por los reyes magos. Los más diversos fenómenos astronómicos y meteorológicos fueron sugeridos en el pasado para explicar la naturaleza de la estrella de Belén: auroras, meteoro globular, luz zodiacal, meteoros, lluvias de Venus, la estrella Canopus, cometas, supernovas. La hipótesis de que fue un cometa parece haber sido propuesta por primera vez por el teólogo y perito cristiano Orígenes (183-254) y que supone haber sido lo que vendría a ser el Cometa Halley. Analizando registros chinos de cometas se verificó que la tesis de Halley es inaceptable. Tal hipótesis exigiría un error de 11 años en la fecha actualmente atribuida al nacimiento de Jesús, pues el paso de ese cometa en el inicio de la era cristiana se dio el 25 de agosto del año 12 AC, cuando astrónomos chinos señalaron su presencia en la Constelación de Géminis. Otros 2 cometas, registrados en los anales chinos surgieron respectivamente en marzo del año 5 AC, en la Constelación de Capricornio y en abril del año 4 AC en la Constelación del Águila. Sobreviven 2 hipótesis: la de una supernova o la de configuración planetaria especial. El 11 de noviembre de 1572, un astrónomo descubrió una brillante estrella. Su centelleo y magnitud alcanzaron una intensidad que fue visible a ojo desnudo, aún a la luz del día. Permaneció observable durante 17 meses. Se sabe hoy, que las novas son estrellas que se vuelven bruscamente muy luminosas. Aparecen súbitamente, brillan con intensidad por algunos días y van debilitándose lentamente. El vocablo nova es impropio, pues ellas existían antes de la explosión que las tornó visibles a simple vista. La luminosidad de las novas es multiplicada por un factor de 10 mil durante 2 o 3 días. Las supernovas se vuelven aun más luminosas: su brillo es multiplicado por un factor de 100 millones. Por año son descubiertas 5 novas en la Vía Láctea; las supernovas son más raras, una cada 300 años. Hasta hoy apenas 4 fueron observadas y registradas: la de Tychobrache, la de Kepler, la SN1054, descubierta por los chinos y la SN1987A, la menos brillante de todas. El 10 de octubre de 1604 fue descubierta la SN1604. Su brillo fue equivalente al de los planetas Júpiter y Venus.