Una de las
preguntas a las que el hombre ha dado más vueltas, y que no ha sido respondida a lo largo de los siglos es: ¿Estamos
solos en el universo? ¿O existen otras formas de vida en otros planetas de nuestra galaxia, o en otras galaxias? Esta pregunta tiene una respuesta definitiva según la religión: Dios creó el universo, y con él todos los seres humanos y otros tipos de animales en este planeta. Pero, para los científicos, que creen más en las leyes naturales y en la ley de causa-efecto, esta pregunta aún no ha sido respondida.Hay, también, otras
preguntas que tienen que ser encauzadas y contestadas, como a dónde vamos al morir y cómo nacemos. Estas son algunas de las preguntas que la humanidad no ha podido responder hasta ahora. Este libro es un intento de despertar el pensamiento y la imaginaión sobre temas que se creían que se podían dar por sentado según el punto de vista de la religión. El autor no intenta herir los sentimientos de aquellas personas que creen férreamente en la religión que les fué inculcada desde su niñez, sinó de arrojar una luz científica en contraste con otras ideas hasta ahora creídas, y que no tenían ninguna base científica, bases que deberían pertenecer a nuestras vidas. El autor del libro creció en una damilia secular donde el padre y la madre pertenecían formalmente al Islam, aunque no eran prácticamente religiosos, y de esta manera el autor creció sin ninguna inclinación religiosa. Para él, la religión no significaba demasiado, aunque la gente llegue a su paz espiritual a través de la religión. De esta manera, al haber conseguido ya la paz espiritual, no se plantean las preguntas adecuadas y todo se da por sentado. Al no tener este inconveniente, el autor se dedicó a ejercitarse científicamente, sintiéndose más cómodo tratando con leyes naturales que con dogmas, y que le daba cierta identidad que no le había dado su religión familiar. Según el autor, las cosmologías que crea el ser humano giran en torno a las preguntas relativas a la muerte de las personas y a su nacimiento. Su incapacidad de responder a dichas preguntas hace que la gente las responda mediante dioses, seres que no tienen las deficiencias ni las carencias humanas. Así llegó la época de los profetas: seres que tenían poderes
sobrenaturales y que se usaban de ellos para hacer creer a la gente que hablaban en nombre de su Dios, aunque, en el fondo, esos poderes no son más que la demostración de que este planeta fué creado por alienígenas, que otorgan poderes sobrenaturales a sus profetas.