Una de las teorías científicas más aceptadas que explican el origen del universo es la teoría del Bing-Bang o la Gran Explosión. En 1916 Albert Einstein publicó la teoría de la Relatividad, donde decía que el universo estaría agrandándose o encogiéndose, contrariando la idea de que el universo sería estático o inerte, aceptada hasta entonces. A partir de ahí, diversas investigaciones fueron hechas con la ayuda de telescópios, y los científicos pudieron deducir que el universo realmente se expandía, pero de modo ordenado. Para entender la idea del Bing-Bang debemos tomar el camino contrario. Es decir, si en vez que el universo se agrandándose, fuera contrayéndose. Todo el universo se concentraría en un único punto de origen, el punto inicial de la materia. Hace unos 15 o 20 billones de años atrás el universo no existía, ni el espacio vacío, ni siquiera el tiempo. Todo lo que había era una esfera extremadamente pequeña, del tamaño de la punto de una aguja. Y ese puntito hace cerca de 18 billones de años habría explotado formando el universo actual. Esa explosión ocurrió en una fracción de segundos, inflando el universo a una velocidad muy superior a la de la luz. Esa explosión causó la expansión del universo, la cual es observada hasta los días de hoy, lo que trae grandes refuerzos a la teoría del Bing-Bang. Después del Bing-Bang y a partir de la materia proveniente de él, fueron formándose las constelaciones. Los planetas se habrían formado a partir de restos de nubes cósmicas que nacieron después de la gran explosión. Pero, a pesar de que se ataca esta teoría del Bing-Bang, debemos considerar que el argumento que transmite pueda ser un fenómeno regional. O sea, que esa expansión esté pasando apenas en los límites observados del universo, hasta el alcance los más potentes telescopios, el Hubble. Delante de eso, existe la posibilidad de que este fenómeno no ocurra en todo el universo. En ese caso, lo que hasta hoy fue contemplado sería solamente un proceso de dilatación regional de causa aún desconocida.