Basada en la exitosa novela fantástico-gótica de Neil Gaiman,
Coraline es una película realizada en
stop-motion que narra las aventuras de una niña que, junto con sus indolentes padres, se muda a una inmensa casona color rosa. Entonces, mientras explora y toma nota de las características de los rincones y los lugares que la rodean, conoce a Wybie Lovat, un niño que siempre anda en bicicleta junto con su gato, y que le regala una muñeca que era de su abuela y que se parece extrañamente a la propia Coraline. Por la tarde descubre una pequeña puerta cerrada que, después de insistir hasta el hartazgo a su madre para que la abriera, da la ilusión de estar tapiada. Sin embargo, esa misma noche Coraline ve unos ratones que le llaman la atención y los sigue a través de esa misma puerta, que ahora tiene la apariencia de un túnel colorido y esponjoso. Del otro lado descubre un mundo muy semejante a la realidad en el que todo parece perfecto, sin el aburrimiento cotidiano ni las bazofias para comer que suele preparar su padre. Hay Otra Madre y Otro Padre, físicamente exactos a los del mundo gris, salvo por pequeños detalles, que empero son fundamentales: en lugar de ojos tienen cosidos un par de botones negros, parecen ser interminablemente felices y se desviven por hacer todo lo que a Coraline le gusta. Cuando despierta, cree que todo había sido un sueño y se lo cuenta a su madre.
En las siguientes noches, Coraline regresará al Otro Mundo y allí descubrirá también las sorprendentes réplicas de sus ya de por sí exóticos vecinos: Mr. Bobinsky, un viejo cirquero retirado, alcohólico y que tiene una extraña relación con los ratones, allá es un mago sin igual; las ancianas señoritas Spink y Forcible, quienes tienen una colección de perros vivos y muertos, en el otro mundo gozan de una audiencia para sus actos de acrobacia, compuesta por puros perros vivos, también con botones cosidos en lugar de ojos; e incluso el propio Wybie, que en ese mundo será mudo en lugar del hablador habitual. Y cuando Coraline cree que ése es un mundo ideal, se encontrará con el gato de Wybie, que será el único sin un doble en el otro mundo y que allí tendrá voz y advertirá a Coraline acerca de la veracidad de esa realidad. La Otra Madre no tarda en invitar a Coraline para que se quede en ese mundo feliz para siempre. Lo único que tiene que hacer es dejarse coser un par de botones negros, o de cualquier otro color si así lo desea. Asustada por esa perspectiva, Coraline empieza a sospechar de la Otra Madre, hasta que descubre que en realidad es una bruja, y que colecciona almas de niños a quienes ha seducido con la promesa de ese mundo ideal. Todos tienen botones en lugar de ojos y están condenados a permanecer atrapados ahí hasta que alguien los ayude a buscar sus ojos y destruir el mundo de la bruja. Coraline apenas logra escapar, y cuando llega al mundo normal, se da cuenta de que sus padres no están. Pasado un tiempo se da cuenta de que han sido raptados por la bruja, con lo cual le ha tendido una trampa. Es entonces que junto con el gato, decide desafiar a la bruja a un juego en el ella debía encontrar a sus padres y los ojos de los niños. Si perdía se quedaría para siempre con la Otra Madre. Coraline logra superar los obstáculos con ayuda del gato y destruye la ilusión de la bruja, que se queda atrapada en su propia telaraña. Sin embargo, cuando está a punto de deshacerse de la llave de la puerta en un pozo de insondable profundidad, una mano de la bruja está a punto de arrebatársela hasta que es aplastada por una roca que le arroja Wybie. Ambos atan a la roca la llave y la mano inservible, y las arrojan al pozo, sellando por siempre la puerta al mundo de la Otra Madre.
Coraline es una película que cuestiona los ideales de la perfección, todo con el trasfondo del viejo tema de la casa embrujada, mezclada con el tema del héroe –heroína en este caso– que pasa por diferentes pruebas con el fin de restablecer un orden primigenio. Sin embargo, la manufactura técnica es asombrosa y por momentos las voces de Dakota Fanning (Coraline) y Teri Hatcher (la Otra Madre) logran transmitir bastante bien los altibajos emocionales que exige semejante aventura.