La autora lidera un llamado a las mujeres/
madres a rebelarse al mandato de querer a los hijos. Mandato que es considerado
como el más potente, explícito y secreto, personal y universal y que ha sido depositado sobre las mujeres desde los orígenes de la especie.
Discípula de Lola Hoffmann, Terapeuta Jungiana (1904-1988), Francisca Bertoglia realiza una desenfada denuncia de los escarnios y agresiones a la que se ve sometida la mujer por el simple hecho de traer hijos la mundo. Estas afrentas devienen de los propios hijos y del mandato cultural de la sociedad que ve a la mujer / madre con la obligación –de por vida- de velar, doblegarse y sacrificarse por su
familia hasta las últimas consecuencias.
La autora, a través de este libro, desarrolla la queja por la opresión a que se ven sometidas las mujeres en tanto únicas responsables del cuidado, formación y suerte de los hijos en este mundo. Un mundo modelado por la impronta patriarcal y donde la mujer en su afán de ser persona, individuo y buscar su propio desarrollo, ve limitada su existencia por la tarea de ser la única depositaria de la responsabilidad de administrar el afecto y amor a los hijos, y velar por la suerte de ellos a lo largo de sus vidas.
Un punto de atención de este trabajo importante son los hijos que están marcados por una insondable caracterización de agresividad en contra de las madres. Son una pequeños demonios desde los primeros años y peor en la etapa de la adolescencia. El acto de honrar a los hijos, de amarlos se agota. El amor se da pero muere si no viene de vuelta, dice la autora.
Estos hijos están marcados por un entrono que trata de atenderlos y respetarlos todos sus derechos pero que es incapaz de hacerlos respetar sus deberes un disciplinas. Seres que nacen al amparo del consumo y desde muy pequeños hacen sentir su poder sobre los adultos y en particular sobre su madre.
Para justificar los argumentos del libro, la autora utiliza las tendencias demográficas actuales hacia la disminución de la población infantil y el envejecimiento como un dato a observar en cuanto que la baja natalidad dice relación con la población cada en incremento de mujeres que se niegan a tener hijos, a ser madres. Cada vez hay más mujeres que no quieren tener hijos y hacen uso de su derecho a transgredir los tabúes y ejercer su derecho al placer.
Su autora se remite a su experiencia como profesora, a sus sueños, a la práctica del tarot para obtener referentes que avalen sus afirmaciones. Señala los estudios como los de Freud que descubrieron que los infantes no son seres angelicales, buenos e inocentes sino que a su vez están llenos de odio, furia y perversidad.
A partir de estas fuentes propone una tipología de los hijos como el “narciso y sus variantes”, “melody light”, “el hijo juez”, etc., y cada uno de estos los caracteriza con cierto detalle. En fondo niega la posibilidad de cambiarlos ya que ya desde los 4 años están marcados sus rasgos de carácter y personalidad. En estos rasgos de los
niños y jóvenes, al parecer para la autora, no cumple ningún papel el comportamiento de los padres en la formación de sus hijos: estos no son resultado de una relación filial de años donde los padres y más adultos no respetaron sus procesos más íntimos de formación y desarrollo como personas; padres que violentan emocionalmente a sus hijos y todo a nombre de darles gusto y de “respetar sus derechos”, apoyados por la publicidad y los patrones de consumismo.
La autora revisa las viejas premisas de los mitos mujeres/madre tradicionales ligados a su obligación de ser madre y el deseo profundo de las mujeres por la transgresión. Un libro inquietante que encierra un profundo reclamo de la mujer por ser ella misma, en el entorno de sociedades y culturas que todavía no asumen las responsabilidades de crianza, de conducción de las proles como colectivos, sino de forma muy embrionaria.
A la autora quizá, se le pueda reprochar cierta dureza en sus planteamientos en cuanto a las relaciones de afecto entre los miembros filiales, a centrarse tan solo en los “abusos filiales” y no explorar la compleja red de lazos que ligan a padres e hijos más allá de la ingenuidad de creer que el afecto solo implica amor.
Su recomendación final es la de expulsar a los hijos –en edad de sobrevivir solos-, de no tomarlos en cuenta emocionalmente en tanto las mujeres/madres buscan su autonomía frente a ellos, la liberación para no ser más violentadas por ellos.