La energía emanada por aquellos movimientos que aspiran a llevar a cabo una revolución mundial se ve opacada, en la década de 1920, por las nefastas consecuencias económicas y sociales provocadas por la primera guerra mundial. “¿De qué sirven la verdad, la belleza o el conocimiento cuando las bombas de ántrax llueven del cielo?”,
dice Huxley en Un
Mundo Feliz resumiendo, de algún modo, el sentimiento de desasosiego e infelicidad que sufría la gente de su época. Los idealistas parecen no tener cabida en un mundo sesgado por la destrucción y el afán de poder. Huxley intenta plasmar en esta obra esta disociación entre avance y decadencia, entre libertad y esclavitud. Bernard Marx, Lenina y Jack, los personajes de esta novela, luchan por encontrar un equilibrio entre amor verdadero y placer instantáneo aún cuando las condiciones son adversas. El condicionamiento mental de los
habitantes de la gran ciudad, el abandono y la discriminación sufrida por los salvajes restringen las posibilidades de ambos grupos de entender las distintas facetas de la siempre buscada “felicidad”. Los aviesos creadores de esta conducta social logran su tan ansiada meta: el pueblo no piensa, se abandona al placer y no reconoce la decadencia. Con punzante ironía, Huxley logra insertarnos en este mundo donde la
comodidad y la ignorancia superan las ambiciones personales y el conocimiento; y a su vez, nos permite recapacitar sobre la importancia de volver a las fuentes, de crear y de ejercer una individualidad responsable. John, agobiado por la implacable conciencia de la realidad, pide poesía, peligro real, pecado y libertad pero paga cara su osadía. ¿Qué precio estaremos dispuestos a pagar, los habitantes del siglo XXI, para librarnos de nuestros tantos condicionamientos? La
historia debería ayudarnos a recapacitar acerca de nuestra posición en este engranaje de días, noches y voluntades del que formamos parte. Deberíamos frecuentar la historia y sus consecuencias “con la urgencia de quien necesita no perder contacto con su propio espíritu”, como dice el filósofo argentino Santiago Kovadloff. En este sentido, Huxley nos presenta un libro que conjuga la fantasía con la realidad de una época agitada que merece ser explorada para comprender en toda su magnitud el contenido del mensaje de Huxley a sus congéneres del futuro.
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