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El Manifiesto, o, Anastiana 6

Summary rating: 5 stars 2 Puntuación
Review by : corredortiz
Visitas : 22  palabras: 900   Publicado el: febrero 06, 2008
(Viene de “El Manifiesto, o, Anastiana 5”)
… —¿Es papá? —preguntó el niño.
—No —respondió ella mientras por entre la ventana hacía señas con la mano de que ya bajaba. Regresó a donde los niños y les habló con cariño pero sin ocultar un creciente nerviosismo.
—A ver, mis amores, van a tener que dormirse ya. Por favor, quédense muy juiciosos y no vayan a hacer ruido. Acaba de llegar alguien con quien tengo que hablar un negocio muy delicado, y prefiero que esa persona no se dé cuenta de que ustedes están aquí. ¿Está claro? —se puso un dedo sobre los labios indicando silencio.
Las cabecitas de liso pelo castaño oscuro asintieron obedientes. Mamá les besó en la frente, les sonrió, les guiñó un ojo, apagó la luz y salió de la alcoba cerrando la puerta con cuidadoso afán.
Ellos quedaron en penumbra, mirándose aburridos y sacudiendo con los dedos el pelo apelmazado con el sudor acumulado por el calor de las pelucas, mientras oían los apresurados pasos de mamá al bajar las escaleras de madera, cambiar de tono al atravesar las lozas de mármol de la sala, y la puerta principal que se abrió y se volvió a cerrar. Confundidas entre las últimas notas de “Träumerei”, oyeron la voz de mamá y la de un hombre pero no se alcanzaba a entender lo que decían. La expresión de los niños, distorsionada por los ocasionales destellos de las estrellitas de colores en su piel, se iba afectando a medida que la conversación, ahora confundida entre una sonora pieza de Mozart, fue subiendo de tono y se convirtió en acalorada discusión, en la que ella parecía dar explicaciones que se tornaban en súplicas, y él protestaba y reclamaba en voces cada vez más altas que se volvieron violentos gritos.
El niño con la mirada endurecida se acercó al oído de su hermana, y habló con voz muy baja pero cargada de indignación:
—Ya sé quién es. Voy a ir.
Trató de bajar de la cama, pero la niña lo agarró de una mano y le habló en susurros.
—No, mamá dijo que no hiciéramos ruido, no me vayas a dejar sola. Tengo miedo.
Él, dosificando la fuerza para no lastimarla, trató de abrir los pequeños dedos que atenazaban los suyos.
—Déjame, ese señor está tratando mal a mamá, tengo que defenderla...
La niña, sintiendo que los dedos resbalaban, con la otra mano tomó el pene de su hermano y lo aprisionó con toda la fuerza. Él, sorprendido, conteniéndose para no gritar por el dolor ni reír por la curiosa reacción de la niña, unió las palmas como si rezara con fervor y la miró suplicante.
Se quedaron quietos y miraron hacia la ventana al oír el conocido ruido de otro carro que llegaba frente a la casa.
—Es papá —la niña emocionada lo soltó.
Él fue hasta la ventana y miró. Vio que papá bajaba del carro y al oír los gritos de mamá corrió hacia la puerta principal. El pequeño advirtió una sombra que se movió en la ventanilla trasera del carro del visitante, y vio el rostro de una mujer que ocultándose miraba hacia la ventana de la sala. Masajeando con cuidado los lastimados genitales, regresó a la cama y con la niña se quedaron pendientes de lo que sucedía abajo.
Ahora oían que papá discutía con el hombre y mamá rogaba llorando. De repente los gritos y el llanto se suspendieron, durante tres segundos todo se sumió en un denso silencio, y luego tronaron dos detonaciones que retumbaron lentas, como si al eco le costara penetrar el pesado aire de la oscuridad caliente. Los niños se sobresaltaron y se miraron aterrados; la niña se aferró a su hermano en busca de protección. Oyeron que mamá volvía a gritar desesperada, el hombre también vociferaba, y otra detonación estremeció la casa y los inocentes corazones que latían frenéticos. Los gritos cesaron. Los niños abrazados y congelados del miedo percibían algunos ruidos leves, como de pasos apurados sobre el mármol, la puerta principal se cerró, alguien corrió frente a la casa, la puerta de un carro se cerró, el carro arrancó patinando las ruedas sobre el cascajo, y el motor rugió furioso alejándose hasta que el ruido se

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