El cuento o
nouvelle de Cortázar que nos ocupa no es fantástico sino que por el contrario el personaje principal,
Johnny, está basado en la biografía de un artista de carne y hueso, en las vicisitudes del saxofonista de jazz Chalie Parker, a quien el autor admiraba profundamente. La adicción a las drogas y el alcohol del músico, la muerte de su hija, las tentativas de suicidio, la renovación del jazz predominante hacia fines de la segunda guerra mundial que protagonizó, la iniciación del "bebop" (una nueva tendencia formulada por músicos negros), conforman la trama que entreteje la vida de un artista solitario, ni más ni menos que “el perseguidor”, un hombre angustiado en su corta y singular existencia (vivió hasta los 35 años).
Quien narra en primera persona se llama Bruno, un crítico de jazz culto que se muestra en contrapunto con el talentoso jazzman negro.
Ante todo se trata de una postulación del arte como paradigma del olvido: olvido de sí mismo, olvido del tiempo. Asimismo, subyace la posición y función que desempeña un crítico frente a la obra, donde en principio existe un anhelo de identificación total; al fin y al cabo un crítico da cuenta de lo que no puede dar cuenta el propio artista.
Recorriendo las páginas del relato se advierte una permanente relación del saxo, o mejor dicho de la música misma, con Dios.
Los epígrafes de la obra pertenecen al Apocalipsis y al título de un poema del escritor galés Dylan Thomas, en tanto la última parte del libro también está tramada sobre el Apocalipsis, el tiempo no será más, cesará de ser el tiempo. En la dedicatoria del cuento hay un guiño que corrobora la inspiración de lo que sigue cuando proclama,
In memorian Ch. P.
Charlie Parker fue un indiscutido renovador de la música de jazz, así como Julio Cortázar supo combatir contra los contenidos anquilosados de la literatura e incluso proponer una renovación desde la propia lectura. Ambos artistas fueron fieles a sus ideales, por sobre todas las cosas.