En esta nueva historia de la escritora Keiko Kasza, nos muestra que a veces, los rugidos,
soplidos, gruñidos e incluso un tamaño gigantesco no bastan para demostrar el
poder de alguien.
Descubriremos que el respeto y obediencia a otro, puede no estar dada por el aspecto exterior, ni tampoco por su fuerza física. Sino que depende mucho más de la relación que se ha establecido con el otro, y el poder que nosotros mismos le hemos asignado.
Este cuento me recordó al elefante del circo y, como ese tremendo y fuerte animal se mantiene preso a una cuerda amarrada a una estaca. Lo que aprendió de pequeño sobre la estaca, dificilmente será cuestionado cuando sea mayor.