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Síntesis y críticas breves

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La gallina degollada

por : ReyMono    

Autor : Horacio Quiroga
Cuatro cabezas y ningún pensamiento. Cuatro niños babeantes, con ojos ausentes de toda inteligencia, apostados en un banquillo
frente a un muro que cubre el horizonte occidental, y que sólo dan señales de vida cuando el sol se atraviesa fulgurando en sus miradas perdidas, cuando se escuchan los truenos de una tormenta o al comer el alimento que brutalmente reciben de la criada. Y pensar que cada uno de esos niños había sido la promesa en la cual se cristalizaría ese amor que había sido tan implacable entre Berta y Mazzini. Pero en las cercanías de los dos años de vida, de pronto los niños habían sido sacudidos por terribles convulsiones. Por la mañana ya no conocían a sus padres y se perdían para siempre por los inescrutables terrenos de la idiotez. Ahora esos mismos niños se habían convertido en la personificación de la peor parte de ellos mismos, y de ese modo cada uno buscaba la culpa de su progenie maldita en el pasado del otro. Los excesos de otros tiempos, que podrían haber generado una herencia envenenada, o enfermedades latentes que pudieron provocar la catástrofe. Los últimos dos niños, mellizos, parecían haber puesto fin a la descendencia corrompida. Y así, entre las humillantes discusiones y las ardientes reconciliaciones, habían terminado por desear otro hijo. Entonces nació Bertita, una niña que era como el sol y de quien temieron lo peor durante los primeros dos años. Mas nada ocurrió, y entonces la llenaron de todas esas esperanzas acumuladas inútilmente, al punto que cualquier minúscula queja de la niña era vista como una situación de emergencia, lo que contribuía a su mala crianza.
Y de esa forma arribó aquél día después de cuatro años de nacida Bertita, tras una noche de escalofríos y fiebre por haber comido demasiadas golosinas. Berta pidió a la criada que matara una gallina para el almuerzo, sin imaginar el impacto que semejante acto tendría en los cuatro idiotas, mudos testigos de ese rojo que manaba tan hipnóticamente de la gallina. Salieron todos y no regresaron sino a la tarde, y mientras Berta y Mazzini saludaban a los vecinos, Bertita se escapaba corriendo a casa, cansada de la sobreprotección paternal. El cielo rojizo a punto de morir, la niña con la tenacidad de asomarse por encima del muro, delante mismo de los cuatro idiotas, quienes salidos finalmente de su letargo, contemplaban animosamente a esa extraña gallina, en quien podrían repetir el misterioso sacrificio observado por la mañana...
“La gallina degollada” es uno de esos cuentos de Horacio Quiroga que se descubren, no sin escalofríos, desde la niñez o la adolescencia, pero que no por ello dejan de atrapar después de veinte relecturas. Una pequeña obra maestra capaz de sujetar al lector por los cabellos, quien no puede sino contemplar el terrible advenimiento del sacrificio final.
Publicado el: julio 11, 2009
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