Habla de un viejo mago que se valía de su caldero para ayudar a sus vecinos muggles con pociones y antídotos.
Al morir a una edad muy avanzada, este le heredó todo a su hijo, quien en vez de ser generoso como él, era egoísta y caprichoso. No tardó mucho en que el descubriera el caldero, que en su interior escondía una zapatilla y la nota de su padre que decía: "Es mi esperanza, hijo mío, que nunca necesites esto". A partir de este momento todo empieza a ir mal...
Furioso porque toda su herencia es un simple caldero y totalmente indiferente con los muggles, el hijo dio la espalda al pueblo, cerrando la puerta a sus vecinos. Primero llega una viejecita cuya nieta está llena de verrugas. Cuando el
mago le cierra la puerta, escucha un ruido en la cocina. Al caldero de su padre le ha surgido un pie y también está cubierto de verrugas. Desde ese momento, al mago no le funciona ningún hechizo y el caldero saltarín comienza a perseguirlo vaya a donde vaya.
Al día siguiente, llega a su casa un anciano que busca su burro. Si no lo encuentra, no podrá llevar mercancías al pueblo y su familia irremediablemente morirá de hambre. El hijo vuelve a cerrar la puerta al vecino. Pero ahora el caldero vuelve a cambiar del pie y las verrugas, ahora rebuzna como si se tratara de un burro, además este gemía por el hambre.
El hijo sigue recibiendo la visita de vecinos. Y viendo que el caldero empeoraba mientras él se rehusaba a ayudar a los muggles, finalmente cambió y llamó a todo el vecindario para ayudarles. Uno por uno, los cura de sus males y poco a poco el caldero se va vaciando. Al final, el caldero arroja la misteriosa zapatilla que encaja perfectamente en su pie. Una vez el mago se la pone, los dos caminan (y saltan) hasta un nuevo amanecer.