El
verdadero problema de toda esta mierda, radica en la falta de implementación de
un sistema adecuado de presión,
por medio del cual se pueda reprimir el actuar
del enemigo y con esto atacar sin poder perder, asegurando así la victoria en
la batalla.
Mi nombre no te lo
mencionare pero si te diré que a los veinte años cometí el mayor error que un
hombre puede cometer a cualquier edad, ME CASE CON LA MUJER EQUIVOCADA, aunque
por supuesto en ese entonces no lo sabia, pero debí de sospecharlo en el
momento en que ella me dijo que no
quería casarse con migo y que solamente procrearía a mi hijo, el que por
supuesto tenia tres meses de gestación. Aun me recuerdo ese “maravilloso día”, me vestí
con un traje de color azul marino que le había robado a un mi amigo meses
atrás, me coloqué los únicos calcetines negros que tenia el cual uno de ellos
poseía un pequeño orificio en la parte
de abajo, lustre bien mis zapatos negros, derrame sobre mi cuello unas gotas de
loción y como todo un caballero salí al encuentro de mis padres los cuales me
llegaron a traer para ir al lugar en donde se celebraría la ceremonia. La mayoría de veces se dice que el amor no
entra por la vista, pero ver a mi futura mujer en la ceremonia vestida con un
impresionante saco y pantalón igual al mío pero con un color mas femenino, me
hizo pensar que no me estaba casando con una mujer de casa, ni mucho menos me
estaba casando con una mujer que dejaría todo por atenderme. Eso debí de darme
cuenta, pero para ello ya era demasiado tarde.
De la celebración no tengo mucho que comentarles, la mayoría de
invitados totalmente embriagados, mis padres se retiraron a una hora prudencial
y mi nueva esposa y yo sentados en una orilla de lugar, planificando toda una
vida juntos.
Los días pasaron y al cabo de unos meses, conseguí el primer empleo
de mi vida en el cual mi jefe era uno de mis mejores amigos, pero no por ello
me libero de realizar el trabajo mas pesado que en mi vida haya efectuado.
Un sueldo miserable, un hijo por nacer, una esposa exigente y un sin
fin de problemas propios de los recién casados, hacían que cada día que pasaba
me preguntara lo mismo: Es esta la vida que merezco? y como la respuesta era siempre un rotundo
NO, decidí empezar a estudiar y que mejor que estudiar al sistema de leyes de
mi país, siempre pensando que en algún futuro no muy lejano, el conocer las
leyes me serviría para darle una mejor calidad de vida a mi familia. Es en ese
entonces cuando mi vida realmente empieza a cambiar y no porque se hayan
elevado las fuentes de ingreso sino porque tenía que adecuar mis horarios al
cuidado de mi hijo recién nacido, al trabajo de la casa y el de la calle y por
ultimo al de mis estudios. Ya que mi esposa había decidido de forma unilateral
seguir con sus estudios y con su vida cotidiana, por supuesto encargándome a mí,
como lo mencione anteriormente, el trabajo de la casa.
El estudiar en las tardes, trabajar en las noches, cuidar a mi hijo
por las mañanas y realizar casi a diario una que otra actividad culinaria para
alimentarme fue haciendo que el tiempo destinado a mi matrimonio fuera
realmente escaso. El día en que podía tener un poco de intimidad con mi mujer y
recordar aquellos días de noviazgo, prefería dormir y soñar que ella estaba a
mi lado, aunque al despertar deseaba que no estuviese ahí.
Paso el tiempo en mi casa y con algunas alegrías y muchos enfados
logramos convivir de una forma en la que se tendría que ser muy observador para
darse cuenta de que entre los dos existía algo que no estaba bien, aunque
realmente existían muchas cosas las cuales no estaban bien.
Existe un proverbio que dice que a una mujer que se le hace un favor
dos veces, este se convierte en una obligación, y es así, un día decidí ayudar
a mi esposa en los quehaceres de la casa y desde ese entonces en mi hogar no existía
un momento de descanso, descansar en mi casa era casi como un pecado mortal, mi
mujer la cual no se terminaba de acostumbrar a realizar las tareas del hogar,
le encolerizaba verme recostado en el sofá de la sala viendo televisión ya que
para ella era un insulto el hecho de que no le ayudara. Era un sueño para mi
poder creer que no existía en algún momento del día alguna tarea pendiente de
realizar y era en ese preciso momento en donde uno piensa que al fin podría
estar conviviendo de una buena manera con mi familia, se daba el hecho de que a
ella no le gustaba estar en la casa y apresuradamente tomaba a mi hijo para
dirigirse a casa de sus papas, la cual, todavía no se si por desgracia o por
alivio, se encontraba a pocos metros de la mía.