Así como en una sociedad patriarcal la mujer se plantea su vida adulta sobre el "mercado
matrimonial" y se prepara para él, hoy, en una sociedad moderna las mujeres se preparan como los hombres para el mercado, el "mercado del trabajo", ya que de él depende su vida adulta, incluida la posibilidad de encontrar y formar pareja. Y debe de ser así, no sólo por la imposición económica, cada vez resulta más difícil soportar el consumo de una familia contando con un solo activo, sino porque el objetivo de la independencia económica, base ineludible para la propia autonomía y libertad, y que para la mayoría pasa por un trabajo pagado, es un objetivo para todos: hombres y mujeres... Porque en un mundo donde todavía hoy, en el siglo XXI, la
mujer es violada, maltratada, quemada, discriminada, echado al rostro ácido por contravenir al padre, al novio o al marido, hay que dar, tal como hace el autor en el título de este ensayo, gracias a Dios por no haber nacido mujer.