La mente puede llegar a ser un estorbo. En ciertas ocasiones el que piensa pierde.
No estamos acostumbrados ha hacer
contacto con nuestras emociones, somos como ignorantes emocionales, aferrándonos a amuletos, a las estrellas, al horóscopo. Nuestras emociones primarias, como sentir miedo, alegría o tristeza son naturales, no aprendidas, son un mecanismo que evoluciono durante miles y miles de años como para dejarlas de lado.
Existen otras emociones secundarias, que son aprendidas, como la ansiedad la depresión, el estrés que no son útiles, son creadas artificialmente por nosotros, pues en ocasiones nos preocupamos por cosas que no dependen de nosotros, generan incertidumbre y esta es otra emoción no natural o secundaria.
Sin embargo algunas emociones secundarias o aprendidas socialmente pueden llegar a ser útiles cuando son bien enfocadas, como la ira, que nos permite impulsar mas allá nuestras actitudes como un mecanismo adaptativo biológico que nos alerta sobre la necesidad de emplear “el Turbo” en nuestra vida. ¿Quien no se ha sentido bien cuando desahoga su ira en algo creador?
Existen personas que no paran: de trabajar, de pensar, de hacer algo, transmiten estrés, no pueden quedarse quietas contemplando un atardecer, son hiperactivos, ansiosos siempre de un futuro perfecto y de un control absoluto de las personas y las cosas que le rodean.
En el otro extremo existen las personas depresivas, queridas, amables y también frágiles. Con una necesidad de aprobación aunque les cueste la dignidad. Postergan todo, son sumisas y con
sentimientos de culpa.
Entre estos dos extremos existe un punto de equilibrio en el que debe aprenderse entre oras cosas el arte de retirarse antes de tiempo y saber perder, el de entregarse y aceptar las consecuencias de algo que pueda ocurrir, pues a veces la mejor forma de ayudar a la vida es no ofrecerle resistencia Aplicar la magia del perdón. En síntesis vivir sin la carga del pasado y la amenaza del futuro.
La menta inventa la ansiedad y el dolor, son emociones secundarias, creadas por nuestra propia mente y que contradicen nuestra naturaleza que es en esencia sabia.
Esto sucede pues nuestra mente esta viciada, contaminada por un medio de energías que desgastan y marchitan. Nuestra mente inventa cosas como la mala suerte, la ansiedad, el rencor, el autocastigo, la tristeza etc., que si bien prácticamente son inevitables en nuestra vida, deben administrarse bien, de manera adaptativa para sacarles provecho natural, al no se posible eliminarlas deben equilibrarse y debemos estar conscientes de su origen.