EL PRIMER ACUERDO: SE IMPECABLE CON TUS PALABRAS: El primer acuerdo es el más importante y también el más difícil de cumplir.
Es tan importante que sólo con él ya seremos capaces de alcanzar el nivel de existencia que el autor denomina “el cielo en la tierra”. La palabra es el poder que tenemos para crear. Mediante las palabras expresamos nuestro poder creativo, lo revelamos todo.
No son solo sonidos o símbolos escritos. Son una fuerza; constituyen el poder que tenemos para expresar y comunicar, para pensar y en consecuencia, para crear los acontecimientos de nuestra vida. Pero son como una espada de doble filo: Pueden crear el sueño más bello o destruir todo lo que nos rodea. Uno de los filos es el uso erróneo de las palabras, que crean un infierno en vida. El otro filo es la impecabilidad de las palabras, que sólo engendrarán belleza, amor y el cielo en la tierra. Según como las usemos, las palabras nos liberarán o nos esclavizarán aún más de lo que imaginamos.
La mente humana es como un campo fértil en el que continuamente se están plantando semillas. Las semillas son opiniones, ideas y conceptos. Si plantamos una semilla, un pensamiento, este crece. El único problema es que, con demasiada frecuencia, es fértil para las semillas del miedo. Todas las mentes son fértiles, pero sólo para la clase de semillas que están preparadas. Lo importante es descubrir para qué clase de semillas está preparada nuestra mente, y abonarla para recibir las semillas del amor.
Una palabra es como un hechizo y los humanos utilizamos las palabras como magos de magia negra, hechizándonos los unos a los otros imprudentemente.
La palabra “impecabilidad” significa “sin pecado”. “Impecable” proviene del latín pecatus, que quiere decir “pecado” y el im significa “sin". Un pecado es algo que hacemos y que va contra nosotros mismos. Todo lo que sintamos, creamos o digamos que vaya contra nosotros es un pecado. Voy contra mi cuando me juzgo y me culpo por cualquier cosa. No pecar es hacer exactamente lo contrario. Ser impecable es no ir contra mi mismo. Cuando soy impecable, asumo la responsabilidad de mis actos, pero sin juzgarme ni culparme.
Desde este punto de vista, todo el concepto de pecado deja de ser algo moral o religioso para convertirse en una cuestión de puro sentido común. El pecado empieza con el rechazo de uno mismo. El mayor pecado que cometemos es rechazarnos a nosotros mismos. En términos religiosos, el autorrechazo es un “pecado mortal”, es decir que nos conduce a la muerte. En cambio, la impecabilidad nos conduce a la vida.
Ser impecable con las palabras es no utilizarlas contra nosotros mismos.
Si me esfuerzo y con mis palabras te envío todo mi veneno emocional, las estoy utilizando en mi contra.
La impecabilidad de nuestras palabras también nos proporcionará inmunidad frente a cualquier persona que nos lance un hechizo. Solamente recibiremos una idea negativa si nuestra mente es un campo fértil para ella.
Podemos medir la impecabilidad de las palabras a partir de nuestro nivel de autoestima. La cantidad de amor que sentimos por nuestra propia persona es directamente proporcional a la calidad e integridad de nuestras palabras. Cuando somos impecable con nuestras palabras, nos sentimos bien, somos feliz y estamos en paz.