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Síntesis y críticas breves

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Zarathustra, un dios que puede bailar

por : zabralcan    

Autor : Osho

Osho. Zarathustra, un Dios que puede bailar. Editorial Luz de Luna. Buenos Aires. Año 1998.
Para mí El Baile
con Nietzsche comenzó hace algunos años, cuando vivía en el pueblo donde nací, San Francisco, en la provincia de Córdoba, y una siesta de invierno me metí a leer un libro de tapas rojas que mi Padre tenía sobre la mesita de luz, junto a su cama, -y que fue toda una operación rápida, a las escondidas y cargada de señales propiciatorias de las que no entendía ni una punta-, nada menos que El Anticristo, -(editorial Tor, que hasta hace poco figuraba en nuestra biblioteca y que desconozco cuándo fue que siguió su viaje, porque no lo encontré-),  al principio me sacudió un par de golpes bien bajos en mi conciencia dejándome una fuerte desorientación y tirándome por allá a lo lejos, me sentí como en estado de shock, como deben padecer los boxeadores cuando los noquean, y al final ya no entendía palabra por más atención que pusiera en lo que intentaba leer, como si por algún misterioso pase mágico, Una Puerta se hubiera abierto en silencio y no cayera aún en dónde estaba parado y hacia qué desconocido lugar me estaba llevando Ese viajecito. Lo cierto fue que Del choque con ese texto carismático quedó un pequeño ensayo sobre El Alma Humana, escrito un tiempo después, y que fue un invisible homenaje a quien me ayudó a Ver En Las Tinieblas, con todo mi más profundo agradecimiento.  
Más adelante en El Camino de La Vida, o más verdadero podría ser decir en otro tramo diferente del recorrido existencial, cuando estoy en la Universidad estudiando derecho, pasé por una Zona de Turbulencia que me dejaron varado por un tiempo, al garete y sin horizonte a la vista, y fue que una tarde de verano en Santa fe, en tránsito hacia la playa, de la mochila que llevaba mi Amigo Manolo, me tiró Así habló Zarathustra, la Segunda Revelación de que Otro Mundo Existe y está Aquí, al alcance de Tu Mano Izquierda. Así de Fuerte y Clara y Esencial fue La Voz que desde lo profundo del Ser repitió la entrada de las ideas, aunque claro que algunas fueron a los martillazos, porque antes hubo que picar fino y grueso a fin de hacer lugar a Lo Nuevo que El Maestro nos ofrece.
Porque El Viento que sopla en los extremos del Desierto deja sus marcas en la montaña y en sus habitantes, y pareciera que los patagónicos tuviéramos una pequeñísima disposición extra-genética para comprender a quien nos habla de la vida en soledad, del eterno peregrinar y de la sensación de estar llegando sin llegar nunca a ese lugar imaginado o presentido, pero igual de preciso en nuestros sueños crecidos de esa cercanía que a veces se da en forma espontánea entre el cielo y la tierra y cuyas consecuencias y retrocesos nos resultan desconocidos.
En el año 2000, cuando en mi país Argentina, Todos caminábamos sobre el borde mismo del Abismo y En Extinción Acelerada, permaneciendo los habitantes atrapados por una gigantesca Angustia que nos destruía Las Ganas de Vivir, uno de esos Días de Viento y ocio radatillense, al Sur del Sur, Osho apareció nuevamente en mis pasos, esta vez para enseñarme lo que EL aprendió de Su Baile con El Zarathustra de Nietzsche, viniendo a re-quebrar esos esquemas nietzscheanos que los literatos de manual de segunda intentaron hacernos creer para tranquilizar nuestras agitadas mentes amasadas en las abstractas ideas con las que nuestra cultura occidental intenta alimentar nuestros espíritus.
Y La Tormenta Osho desencadenó una lluvia de pensamientos cometa, de esos que iluminan con su estela y amenazan con destruir toda defensa pre-existente, porque cuando EL re-piensa el capítulo Del Amor al Prójimo, sus motivaciones lo llevan a lo más hondo, y nos dice que “Cada palabra suya –de Zarathustra- es una semilla...si permites que se establezca en tu corazón, nunca más serás el mismo hombre”. Y sigue diciendo “Zarathustra te enseña un descontento divino y un anhelo por las estrellas. Y yo estoy totalmente de acuerdo con él: mientras no tengasanhelo por las estrellas no puedes crecer y no puedes convertirte en tu verdadero ser, no puedes alcanzar tu potencial en su plenitud, por lo tanto escucha sus palabras, no sólo como palabras, sino como semillas”.
Esta concepción de la vida para mí había sido un umbral fatal años atrás, cuando padeciendo de temprano la ausencia protectora de mi Padre, escuchaba a otros hombres reconociendo con Osho que “usaban tu lenguaje, usaban tus prejuicios. Más que darte una nueva luz te han sostenido como eres, los llamas grandes porque te han sostenido, te han hecho sentir cómodos contigo mismo”.
Y a la frase de Zarathustra “Huís hacia el prójimo escapando de vosotros mismos”, Osho la ilumina afirmando que “Nadie ha dicho esto antes y nadie lo ha dicho con el mismo énfasis después de El. Y es una verdad tal que, una vez que la hayas entendido, verás qué ciegos somos”. “No es por el amor a tu prójimo, es sólo por el vacío de tí mismo, quieres de alguna manera permanecer ocupado, porque estar solo, sin preocupaciones,  sin compromiso...un gran miedo a la propia soledad, un gran miedo al propio vacío, un gran miedo a la propia oscuridad y, finalmente, el miedo esencial a la muerte, presiona todo”.
“Mira hacia una estrella lejana...”
 
Publicado el: enero 01, 2008
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