A partir de
1964, cuando se publicó El mundo de Rocannon, Ursula K. Le Guin comenzó a
construir una serie de
obras de diversa extensión a las que se designó como
“serie del Ekumen” o “saga de Hain”. En ella, a través de relatos y novelas, la
escritora norteamericana cuenta la historia futura de nuestro sector galáctico,
en la que los diversos mundos que lo integran retoman un
contacto perdido en
los orígenes, tras un período oscuro en el que se ha olvidado que todas las especies
fueron el producto de una “siembra” de cepas humanas por parte de una
civilización muy antigua, los hainitas. Según una mención que se hace en La
mano izquierda de la oscuridad, los mundos habitados del Ekumen son ochenta y
tres, aunque no todos han recuperado el contacto con los naturales de Hain y,
de hecho, sólo conocemos mínimos fragmentos de la historia global. En el pasado
remoto, los hainitas usaron técnicas de ingeniería genética para adaptar a los
seres humanos a las condiciones reinantes en cada mundo, pero en algún momento
la civilización original se desmoronó y no sólo se perdió el contacto con los
mundos coloniales, sino que incluso se olvidó que existían. Las narraciones del
Ekumen describen el renacimiento de los viajes interestelares, la invención del
ansible, que permite la comunicación instantánea entre los mundos y los
esfuerzos de todas las especies involucradas para establecer una comunidad
equilibrada y mutuamente beneficiosa a escala galáctica.
En este libro en
particular, Cuatro caminos hacia el perdón, formado por otros tantos cuentos,
se narran eventos ocurridos en los planetas Werel y Yeowe, ubicados en los
confines del universo conocido. La sociedad que han formado los seres que los
habitan se ha estructurado de un modo bastante alejado de la ética humanista
que el hombre de la Tierra pretende haber alcanzado, por lo menos en teoría. En
estos mundos todos los vínculos se basan en rígidos principios de posesión,
incluso las relaciones entre las personas; sólo hay "bienes" y
"propietarios", tradición y liberación son considerados conceptos
opuestos y las mujeres ocupan el último lugar en la escala, como esclavas aún
de los esclavos. Tal como ya había hecho en Los desposeídos, Le Guin utiliza
una configuración social conjetural para exponer sus criterios acerca de la
libertad, el conocimiento, la solidaridad, el amor, la lucha, la compasión, la
discriminación y el coraje para intentar otro camino.
En síntesis, un
nuevo eslabón en la cadena que la autora construye con el propósito de ahondar
en rasgos de la sociedad humana reflejándolos en análogos conjeturales de sesgo
ficcional. Al mismo tiempo, y más allá de que en toda valoración haya un fuerte
tono subjetivo, uno de los libros más interesantes que se pueden encontrar
sobre la
injusticia y el racismo, al margen del género al que pertenezcan.
Sergio Gaut vel
Hartman