Alfred Bester
(1913-1987) conmovió la escena literaria vinculada a la fantasía y la
ciencia ficción con dos novelas
superlativas, El Hombre Demolido (1953) y Tigre, tigre
(1956) y un puñado de magníficos cuentos, muchos de los cuales fueron recogidos
en la antología Irrealidades virtuales. Su meteórico paso de quince años por el
género le generó, sin embargo, una suerte de saturación, y si a eso le sumamos
un carácter tan inquieto como brillante, debemos convenir que sus incursiones
en otros ámbitos debían ser la salida más natural a sus pulsiones y apetencias.
Bester permaneció alejado de la
ciencia ficción durante unos veinte años,
tiempo durante el cual se dedicó a escribir artículos para la revista Holiday,
publicación de la que llegó a ser jefe de redacción. No publicó ninguna
novela durante ese lapso y sólo vieron la luz media docena de cuentos de su autoría,
probablemente creados durante el período anterior.
El regreso de
Bester a la ciencia ficción fue en 1975 con Computer Connection y cinco años
después publicó la novela que nos ocupa, Golem100. No fue un regreso
afortunado. La novela, localizada en el Nueva York de 2175, nos presenta a un
grupo de mujeres acaudaladas que, de puro aburridas, hacen un intento de
invocación a un demonio mediante una serie de ritos satánicos. El diablo no
aparece, aunque las damas logran el concurso de un monstruo generado por la
sinergia que crean sus mentes. El ser cometerá toda una serie de crímenes
aberrantes como violaciones, asesinatos y perversiones de la más diversa
índole. Los personajes que aparecen para enfrentar al monstruo son el jefe de
policía de la ciudad, un artista creador de perfumes, y una investigadora
privada con poderes parapsicológicos. El final es previsible y poco
satisfactorio para el lector...
Los desbordes,
que en Tigre, tigre eran perfectamente funcionales a la trama, se pierden aquí
en un océano de excesos formales y el tono delirante que el autor le imprime
resulta una parodia del mejor Bester. Incluso da la impresión que, perdida la
brújula que le hubiera permitido llevar a buen puerto su historia, recurriera a
los tópicos del género y abusara del oficio, impregnado, tras años de tocar
otras cuerdas, con elementos no sólo ajenos, sino también inadecuados.
Una frustrante
experiencia, una desilusión mayúscula. Por fortuna queda algo del mejor Bester
sin traducir...
Eso sí, para
disimular un poco el hecho de que la historia es tan poco original en el libro
hay un montón de sexo, bastante violencia y muchas palabras y costumbres raras
inventadas por el autor.
Tenía dudas de si calificar este libro como muy malo o
sólo como malo, pero cuando llegué a la parte en la que la violenta contracción
muscular de una vulva amputa un pene mientras sus respectivos dueños copulan
decidí que ya era suficiente y que el libro era realmente muy malo.
En cualquier
caso, voy a romper una lanza en favor del autor, ya que todo lo que había leído
hasta ahora de Alfred Bester me había encantado, si bien es cierto que se
trataba de novelas que pertenecen a su primera etapa como escritor, en la que
ganó el primer Premio Hugo de la historia con El hombre demolido, mientras que
Golem100 es de cuando en los 70 intentó volver a escribir ciencia ficción,
empeño en el que por lo general se considera que fracasó… y de hecho él mismo
decidió abandonar el género de nuevo a la vista de los resultados.
Sergio Gaut vel Hartman