Greg Egan es un
escritor australiano nacido en 1961 en Perth. Matemático por formación y
programador de computadoras
por profesión, se ha hecho conocido en los últimos
años por sus novelas y cuentos de ciencia ficción, con los que ha traído una
bocanada de aire fresco a un género que necesita periódicas revoluciones...
El instante
Aleph es una curiosa muestra de cómo se puede hacer ciencia ficción dura sin
perder de vista los temas cruciales que preocupan a la humanidad, es decir, sin
apearse del humanismo más ortodoxo y militante. Gracias a su formación
científica, Egan puede incluir en sus ficciones las más arduas especulaciones
matemáticas y genéticas para hacerlas avanzar en planos metafísicos y
filosóficos, logrando puntos de inflexión de suprema audacia, como el
tratamiento que da a la resurrección, la naturaleza del
pensamiento, la
inteligencia
artificial, la evolución, el anarkismo, el sexo... Como creador
fielmente adscripto a la ficción especulativa, Egan reflexiona sobre el hombre
y su entorno, se interna en regiones que ningún intelectual pisó jamás y se
pregunta “qué pasaría si...”
El protagonista
de la novela es un periodista que se dedica a hacer documentales científicos.
Está en crisis y busca un trabajo que le permita sacarse de encima el estrés
que lo agobia. Toma a su cargo una tarea aparentemente tranquila que consiste
en rodar un programa acerca de una físico talentosa cuyas investigaciones,
según afirma, le han permitido formular una Teoría sobre el Origen de Todo. Andrew
Worth, el periodista, viaja a Anarkia, una creación que, como su nombre lo
indica, se relaciona con los Nuevos Anarkistas, quienes han creado una isla
artificial en medio del Pacífico y en ella prevén desarrollar su proyectada
utopía.
La novela se estructura
en torno a esa teoría de Todo, pero al mismo tiempo explora las posibilidades
de que una sociedad artificial, en este caso definidamente anarkista, pudiera
funcionar gracias a la independencia que le otorgan una serie de adelantos
científicos. Para Egan, ciencia avanzada y pensamiento ético superior son una
misma cosa. El autor se permite indagar en las consecuencias que podría tener
para la humanidad, para la realidad misma, el descubrimiento del entramado
último del universo, lo que se vincula con una idea tan provocativa que produce
escalofríos: el universo no posee reglas y estructura, sino que éstas se
determinan en función del pensamiento y no de cualquier pensamiento, sino de
una concepción profunda y básica que él llama “piedra angular”.
Decir que esta
novela es especulativa, que formula más conjeturas de las que podemos manejar,
es quedarse corto. En la puesta en escena, cual si fuera un moderno Luchino
Visconti, Egan explora la inteligencia artificial, la manipulación genética,
las nuevas caras del terrorismo, las teorías sociales, nanotecnología, el poder
en manos de las megacorporaciones, el sentido y fin último de la vida...
Sólo el comienzo
de la novela, con la resurrección temporal de un muerto para prestar testimonio
póstumo en un caso de asesinato y el final, con la apoteosis que supone un
compromiso ideológico de gran vuelo con respecto al experimento social y la
humanidad toda, alcanzarían para hacer de El instante Aleph una de las novelas
más importantes de los últimos tiempos, al margen de géneros o clasificaciones.
Pero entre la piel del fruto y su hueso central, hay 300 páginas del más
sabroso manjar que los lectores puedan desear.Sergio Gaut vel Hartman