Ciertos libros pueden representar un punto de inflexión en
la vida de uno. No hablo de los libros de texto que era
menester devorar un día
antes de la prueba, o incluso de los primeros Ladybird que tu mamá te leyó
antes de dejarte en la oscuridad, imaginando critters en el armario y monstruos
debajo de la cama. Me refiero a los libros que cambian tu actitud como lector.
Los libros que verdaderamente han abierto tus ojos. Dune es uno de esos libros.
Herbert está menos preocupado por contar la historia que de exhibir una prosa
tremendamente evocadora y de brindar emotivas caracterizaciones. Los mundos que
él creó para esta narración son complejos, fascinantes y, ante todo, realistas
hasta en el más pequeño de detalle. En Arrakis, el mundo desértico dónde se
desarrolla la acción, la fauna flora nativas existen principalmente en un
estado de permanente lucha contra la desecación, adaptándose a la aridez del
desierto, lo que está perfectamente descrito en toda su complejidad por el
autor. Los caracteres derivados de esta mezcla pertenecen a una casta de duros
guerreros que aceptan que hay que adaptarse o morir, y en el proceso de su
cambio vemos que la historia evoluciona hasta convertirse en la más gran
historia de ciencia ficción de nuestro tiempo. Se trata de una inmensa
narración, potencialmente infinita, como el
universo que habitan sus
personajes, y fue la primera historia que leí en la que se manejaron los
elementos destinados a hacer interesante la intriga política, otorgándole un
efecto muy real a los caracteres en mis emociones. Pero Herbert no se convierte
tampoco en un esclavo de la tecnología. Utilizando ciertas agudezas
introducidas en la trama, el autor maneja una serie limitada de elementos
tecnológicos, lo que le permite hacer volar la historia. En este universo, las
armas de fuego tienen pocas posibilidades de éxito y la opción son las armas
blancas. Los aviones tienen alas, y los cuchillos pueden cortar a través de los
escudos. Realmente es mi libro favorito. Después de siete lecturas todavía me
descubro meditando acerca de algún aspecto de la trama, mientras estoy en mi
cama antes de la llegada de los monstruos.