Fue por un acto casual que, en un día de compras, vi
El Libro del Cementerio de Neil Gaiman y lo tomé movido por la curiosidad. Era una reciente edición de bolsillo y, aunque el autor me sonaba de forma vaga, no había leído nada de él hasta ese momento. Resultó una experiencia maravillosa y, he de confesar, que también lo ha sido este
American Gods. Aunque esta novela está orientada a un público más adulto, no deja de tener esa aura oscura, gótica, que rodea la literatura de Gaiman. No sabía lo que me iba a encontrar en las páginas de esta obra, si bien ya había ciertas referencias en algunas páginas y blogs que daban pistas del contenido. He de confesar que, erróneamente, en una reseña anterior y haciendo caso a algunos comentarios de ciertas páginas literarias, asumí que Sergey Lukianenko, autor de la
Trilogía de los Guardianes, había podido tomar como inspiración esta obra para crear su mundo literario; estaba en un error. Una vez leído el libro de Gaiman puedo decir con certeza que ambos libros son como la noche y el día y poco tienen que ver el uno con el otro. Y, además, Sergey publicó su libro tres años antes de que Gaiman lo hiciera con el suyo. Pero, volviendo al tema que nos ocupa, Neil Gaiman pone a nuestra disposición de manera bárbara un despliegue de dioses, héroes, leyendas y mitos de todo el mundo inmersos en una cultura más bien urbanita. Nos da ese toque de fantasía aderezado de realidad que hace que lo que nos cuenta sea más cercano. Nos ofrece unos personajes endiosados y precedidos por una fama de la que ya no gozan merced a los nuevos dioses que pueblan las vidas del pueblo norteamericano: la televisión, Internet, las nuevas tecnologías, etc… Todo esto lo hace posicionando como eje central al protagonista de la historia: Sombra, un ex convicto arrepentido que ya no tiene nada que perder ni nada por lo que luchar y al que le ofrecen un trabajo un tanto inusual. a modo de crescendo con clímax incluido, Sombra irá adentrándose en un mundo escondido a la vista, lleno de seres extraños que le pondrán a prueba y a los que, sin querer, acabará tomando cariño.
No hay nada que discutir del estilo, ni de lo magníficamente original de la historia, ni del tiempo narrativo. En todos los aspectos me ha encantado. Los únicos “peros” podría ponerlos tal vez en la edición, pues sus páginas contienen una gran cantidad de errores de traducción, falta de concordancia de género y número (posiblemente debido al uso de un traductor automático), de puntuación… Demasiados para una editorial como Norma. Aún así, salvando estos pequeños errores, es una lectura altamente recomendable para los amantes de la ficción y la mitología. Una obra exquisita. Un autor imprescindible.