Neil Gaiman ha sido para mí un gran descubrimiento literario. Es cierto que ya había visto algunas de sus creaciones a través de la gran pantalla como
Los Mundos de Coraline o
Stardust, pero ha sido su prosa y su inventiva la que en verdad me ha maravillado y cautivado. El argumento con el que abre la sinopsis de este
Libro del Cementerio, ya resulta atrapante y es que uno puede esperar cualquier cosa de un niño que escapa del asesino de su familia y acaba arropado por los espíritus de los muertos que habitan el cementerio de la colina cercana a su casa. Todo esto no es más que la punta del iceberg, pues la historia se va desarrollando con mucha mayor complejidad, descubriendo criaturas insólitas y con un halo de misterio que se mantiene hasta el final. Con Gaiman, uno se da cuenta que aún queda inventiva en la literatura e historias capaz de sorprendernos. Esta historia, además de misterio, contiene una alta dosis de intriga y, por qué no, ternura. Una ternura más cerca de lo bizarro y lo raro que de la ñoñería; visto así, es algo que resulta difícil de explicar. Lo que está claro es que el autor sabe como llevar esta historia para que no decaiga la tensión, atrapando al lector de principio a fin. Gaiman aclara en el epílogo que esta es una novela que le ha llevado más de veinte años sentarse a escribirla, lo cual quiere decir que la ha meditado mucho y la ha masticado a conciencia. También nos habla de toda la ayuda que ha recibido de sus amigos y otros entendidos y esa es una de las grandes maravillas de esta novela: en ningún momento se nota que parte de lo que el autor nos muestra sea producto de un trabajo de documentación, te introduce con tanta naturalidad en la historia del protagonista que los detalles no sólo no estorban, sino que enriquecen muchísimo la trama.
El bebé al que acogen los Owen vive aquí sus primeros quince años de vida bajo el nombre de Nadie, bautismo que le convierte en habitante honorífico del cementerio. Al escapar del Hombre Jack, el asesino de sus padres y su hermanita, Nadie se convertirá en objetivo de una fuerza oscura que se irá desvelando a lo largo de la novela. En tanto, los Owen prometen a los espíritus de sus padres (antes de que emigren forzosamente de aquel lugar) que se ocuparán del bebé. También se hará cargo de Nadie, de su protección y su educación, un extraño hombre que
ni está vivo ni muerto al que se le conoce como Silas; él asegurará la subsistencia del bebé; al fin y al cabo humano con necesidades humanas. El niño aprenderá así a desenvolverse entre los muertos y otros seres y a utilizar técnicas propias de los fantasmas, además de lo propio para un niño de su edad como leer y escribir. No desvelaré mucho más de esta historia para que todo aquel que quiera adentrarse en sus páginas se maraville y sueñe despierto como lo hice yo. Es, sin duda, una novela muy recomendable, llena de magia, que consigue que la imaginación se dispare. Un libro que merece mucho la pena leer. Un gran descubrimiento.