A priori, podría parecer que se trata de una de esas historias convencionales de lucha de bandos, de la
Luz contra las
Tinieblas y, aunque no es una idea original en sí, el tratamiento que le da este escritor de Kazajstán afincado en Rusia no deja de ser atractivo en su planteamiento. Partimos de la idea de una establecida confrontación controlada mediante un pacto firmado milenios atrás por los jefes de los dos bandos. De ese acuerdo surgieron entonces ambas guardias: la
Guardía Diurna, para preservar el día de la influencia de la
Luz, y la
Guardía Nocturna, que hace lo propio con las
Tinieblas. Cabe decir que, a pesar de esto, la ciudad no está libre de insurgentes y rebeldes del sistema, ni de ignorantes que aún desconocen su naturaleza y el pacto al que están sometidos los
Otros del planeta; porque sí, los
Otros son humanos (o al menos, algún día lo fueron), pero no están todos los que son ni son todos los que están; y una de las funciones de estos guardianes es la de encontrar a otros como ellos para captarlos e inclinar sus aspiraciones a su propio bando de cara a la lucha final que mencionan sus profecías. A esto hay que sumar la interrelación de la que disponen estos dotados sobrenaturales para adentrarse en una especie de dimensión a la que llaman
Crepúsculo que, a su vez, parece estar dotada de vida propia y se nutre de quienes se adentran en ella. Este
Crepúsculo tiene varios niveles de profundidad que, dependiendo de la categoría de los
Iluminados o
Tenebrosos, son más o menos accesibles. Estos son los preceptos básicos de toda la trama, a los que debemos sumar la intención de los altos cargos de cada parte, que tratan de inclinar la balanza hacia su lado urdiendo planes muy sutiles y cuyo fin está supeditado a un gran número de coincidencias programadas y actos posibles de cada uno de los personajes de la novela. Ninguno de ellos está ubicado en esta historia de forma baladí, todos tienen su motivo para estar. Son actores de un gran entramado cuyos directores manipulan a placer y sin contemplaciones. No obviemos que, al margen de la inclinación de los
Otros para hacer el Bien o el Mal, existen diferentes criaturas que pueblan este particular universo entre los que podemos encontrar: Brujos, Vampiros o Teriántropos.
Esta es la premisa sobre la que se mueve la historia de Antón Gorodetsky, un
Otro de tercer nivel y miembro de la
Guardía Nocturna que se ve metido en una trama que le supera y que va más allá de una de las sencillas misiones a las que está acostumbrado. Aquí es donde se empieza a urdir un complejo plan que nos llevará, en primera persona, a conjeturar sobre el universo mágico que rodea las calles de este Moscú moderno.
Algunos dicen, como advertí antes, que no hay orginalidad en esta
Trilogía de la Guardia y hablan de libros como
American Gods de Neil Gaiman o de los juegos de rol de
White Wolf como referente al género y como antecedentes de la literatura de Sergei, fuentes de las que posiblemente haya bebido. Sin embargo, yo animo a todos a que comiencen a leer la trilogía (ahora que se acaba de reeditar a manos de la
Editorial DeBolsillo), porque a pesar de ser una prosa un tanto dura y fría, como un trago de vodka a palo seco, no se hace para nada pesada, sino todo lo contrario, ya que se adecua perfectamente al clima de melancolía que rezuma en toda la novela y sus personajes, atrapados en un mundo que eligieron pero del que dudan constantemente y del que no pueden ya salir. Si queremos un estímulo para animarnos a leer
Guardianes de la Noche, cabe decir que su autor ha recibido decenas de galardones por sus obras y en 2003 fue nombrado mejor escritor europeo en la
EuroCon de Turku, Finlandia. Esta trilogía además, fue un éxito de ventas en Rusia, llegando a alcanzar la categoría de
Best Seller con un millón de ejemplares vendidos y la traducción de la misma a más de diez idiomas. También, para los más perezosos, las dos primeras partes de la trilogía fueron filmadas con bastante dignidad aunque, como suele pasar, al menos el primer libro, hace sombra a su adaptación cinematográfica. Pero ahí están por si queréis ver las películas, ambas dirigidas por Timur Bekmambetov en 2004 y 2006 respectivamente. Como digo, no esperéis gran cosa, merece mucho más la pena leer los libros, pero como experiencia e idea no están mal.
Para los amantes del tipo de fantasía que se adentra en nuestra realidad y se mezcla con ella, esta es una novela que merece la pena leer.