Antes que nada, cabe destacar que Robert J. Sawyer ha publicado más de veinte novelas con las principales editoriales norteamericanas y ha ganado más de veinticinco premios nacionales e internacionales por su trabajo, entre ellos el Hugo y el Nébula a la mejor novela del año. Además, es el autor de género más estudiado en las universidades estadounidenses en la actualidad. Partiendo de esta premisa, sin duda, como podréis adivinar, nos encontramos ante un autor que sabe de lo que habla y domina las técnicas y el estilo narrativos con bastante presteza. Quizá algunos elementos se pierdan bajo los efectos de la traducción, pero sí es cierto que el autor consigue mantener la atención durante gran parte de la lectura, haciendo de ella una amena aventura literaria.
Ya al principio de la novela se plantean diversas cuestiones que disparan la imaginación del lector y le hacen reflexionar sobre las posibilidades que alberga una historia como esta de sucederse en nuestra realidad inmediata. La novela trata ciertos conceptos relacionados con la Física que podrían descolocar un tanto a aquellos que no tenemos ni idea de esta ciencia y, sin embargo, llega un momento que quedan relegados a un segundo plano en beneficio de la trama. Aún así, el autor ha intentado que el lector se sienta cómodo con ciertas teorías importantes dentro de la Física y los experimentos que se realizan en la obra, consiguiendo que no suene tanto a chino. Obviaremos algunos de los planteamientos complejos que aparecen reflejos en Flashforward y que rozan otras teorías adyacentes a la Física.
En principio, el peso de la historia lo llevan tres personajes, todos relacionados con el experimento que da origen al suceso: Theo Procopides, Lloyd Simcoe y Michiko, prometida de éste último. La cohesión de estos tres caracteres, por desgracia, se va haciendo más débil a medida que avanza la historia y el peso va recayendo sobre Theo y su obsesión con respecto a su propio futuro, en el que se supone va a ser asesinado. A esto le salva, como apuntaba antes, el hecho de que se trata de una historia dinámica y de lectura rápida, con atractivos detalles sobre un hipotético posible futuro. La imaginería tan resueltamente desplegada por el autor da buena fe de su experiencia dentro de este género y en verdad hace que el entorno no aparezca con extrañeza a los ojos del lector. Se echa de menos más información acerca del resto del mundo, de sus visiones y, en definitiva, parece que falta algo de chicha a ese respecto, dejando incluso un salto temporal demasiado grande entre las dos partes principales del libro, dando la sensación de vacío y frustración. No obstante, son aspectos perdonables, pues en su conjunto, incluso esta diferencia temporal de veinte años, tiene su gracia y ofrece un contraste más sólido entre las visiones y el futuro en sí.
No es una de las mejores novelas que he leído y tampoco puedo opinar al respecto de la serie que ha inspirado sus páginas, pero tiene una idea bastante atractiva que casi va creciendo sola y a grandes rasgos tiene una buena lectura. Consigue introducir al lector en una nueva dimensión y le hace reflexionar sobre ciertos aspectos y conceptos poco habituales.