…, se iniciaría así en la Isla Crespo el fascinante recorrido marino a bordo de escafandras que les permitían una comunicación
más directa con los moluscos y tan variados peces, siendo el famoso escualo espalda plateada de su interés singular por sus mandíbulas feroces.
Vanikoro; el estrecho de Torres y sus habitantes de costumbres extraña en el comer…, encallados en el lugar donde la propia naturaleza se encargaría de liberar, cogiendo rumbo el Nautilus a las aguas del Indico: “el cementerio de coral; el paso de Suez ; la bahía de Vigo ; la Atlántida; la banca de hielo; el polo sur; el aprisionamiento en los hielos; el combate con los pulpos”, etc., etc.
Así pues, veinte mil leguas de aventuras terminarían a las puertas del Maelström, gigantesco ombligo marino a cuyas fauces embarcación alguna había sobrevivido. Allí fue a parar el capitán compungido en un esfuerzo seguramente por querer aplacar de su conciencia el recuerdo de la venganza hecha realidad; además, siendo el lugar escogido por Ned Land para finiquitar la fuga tantas veces abortada y en última instancia también, al ser inevitablemente lanzados por la fuerza de una corriente al soltarse las tuercas que los ataban al Nautilus, momento de la pérdida de la conciencia del profesor que despertaba sano y salvo en las islas Lofoden al lado de sus compañeros.
¿Habrá sobre vivido el capitan Nemo luego del abrazo feroz del enemigo natura? Era constantemente lo que preguntaba para sí el profesor que en el milagro de la casualidad vivía para contarlo.
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