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Síntesis y críticas breves

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Veinte mil leguas de viaje submarino (Primera parte)

por : JoseContreras    

Autor : Julio Verne
Una extraordinaria máquina aún no conocida por habitante alguno surcaba los mares profundos en solitario aislamiento y creando
en las mentes de quienes esparcían el rumor del gran narval acechante que dejaba rastros de su poderío en el Scotia y otros navíos que con mala fortuna eran víctimas de tan prodigiosa invención de la naturaleza. Deseoso de liberar de los mares de tan aterrante enemigo, y no solo de los mares, sino de la imaginativa inventiva que esparcía inverosímiles, era comisionado el valiente capitán Farragut, (desaparecido en su totalidad en el resto del relato) quien valiéndose del prestigioso arponero Ned Land y de los conocimientos de la naturaleza marina del profesor Aronnax, se embarcarían en la búsqueda del misterioso animal en el Abrahan Lincoln, navío de primer orden y rumbo al pacífico en dirección al estrecho de Magallanes.
Aquella extrema emoción de la tripulación al zarpar, la disiparía el tiempo que pasaba sin la aparición anhelada, originando el ambiente de impaciencia que terminaba gracias a la agudeza visual del arponero que divisaba al extraño animal a la distancia, pero siendo tan escurridizo y versátil dejaría en desventaja a Farragut, que ni con el arpón de Land ni con el Obús lanzado lograba zozobrar al contrario quien ocasionaba una hendidura y obligaba al Abrahan Lincoln a retroceder en su cometido, no obstante, dejando en la premura al profesor, a su ayudante y al impetuoso Ned Land, quienes quedaban flotando y a la  deriva en aquella mar inmensa y con la compañía de la extraña criatura que les serviría como escabel para sus pies:
Abriendo la compuerta aparecería el extravagante personaje, creador del lenguaje único, cosa que le dificultaría la comunicación al profesor, hasta que en el desespero del arponero tratando de asfixiar a un miembro de la tripulación, desencadenaría el incidente la entrada del capitán quien refiriéndole las identidades en perfecto francés, los convertiría en sus “huéspedes”. ¿Huéspedes?..., no; mas bien prisión, que sentiría solo el canadiense, pues el profesor y su ayudante, ferviente clasificador este último de la naturaleza marina, se admirarían ante los descubrimientos del capitán Nemo en materias tan diversas…
cesar.2828@hotmail.com
Publicado el: enero 06, 2009
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