Al contrario que el primer libro de la saga, Sergei Lukyanenko nos ofrece en este segundo libro una visión mayor y más
profunda del universo en el que se mueven los luminosos y los tenebrosos, centrándose un poco más en estos últimos.
Aunque al principio de comenzar la lectura de la impresión de que estamos asisitiendo a diversas histrorias no relacionadas entre sí, poco a poco vamos descubriendo una trama inmensa que afecta a prácticamente todos los componentes de ambas guardias (la nocturna con los luminosos y la diurna con los tenebrosos).
Además de ver que los componentes de ambas guardias son más semejantes de lo que pueda parecer, ambos con teriántropos, vampiros, magos, hechiceros...
El libro nos da la ocasión de comprobar como Antón, el protagonista indiscutible de la primera parte, va avanzando en su vida con Sveta y como el hecho de su diferencia de nivel mágico afecta a su relación, también vamos conociendo más acerca de las vidas de sus compañeros de trabajo, Tigrecito, Oso e incluso su jefe Hesser. Al mismo tiempo aparecen nuevos personajes pertenecientes a la Guardia diurna que merecen una mención debido a la profundidad que poseen y poder comprobar que los tenebrosos no son malos en sí mismos y la gran diferencia de moralidad que puede haber entre luminosos y tenebrosos es a veces inexistente.
Bien narrado, con descripciones abundantes de los entornos en los que se mueven los personajes (Rusia, Praga...) la narración se desarrolla ante nuestros ojos de forma cinematográfica, casi mostrándonos visualmente el Crepúsculo y los peligros que hay en él.
Un libro recomendable e imprescindible para quien haya leido la primera parte o haya visto alguna de las dos películas realizadas de momento.