Primeras palabras de el libro que se viene: Russell Black
El mal tiempo reinaba en la toda la ciudad y hacía varios días que llovía en abundancia.
En el barrio Little Curtis de una ciudad pequeña, la mugre y la oscuridad eran lo que más se veía. En una calle a mitad de cuadra el único farol encendido en doscientos metros a la redonda amenazaba con apagarse, iluminando los vidrios de las ventanas de una pensión de mala muerte donde las gotas golpeaban produciendo un sonido armónico ideal para seguir durmiendo.
En un reloj de las habitaciones de la pensión faltaba minutos para dar las 7:00 a.m. y un hombre acostado en su cama dormía. Esa mañana era una más de tantas otras, el tic-tac del despertador y las goteras del techo crepitando sobre el suelo era lo que se sentía. Pero cuando los pasos producidos por unas botas pesadas se sintieron, esa mañana pasó a ser diferente, el hombre despertó y quedó expectante, con la mirada puesta en la puerta escuchó como los pasos se detuvieron frente a la puerta y luego de tirar un bulto se alejaban por el pasillo. Esperó unos segundos analizando la situación y se levantó, apresuradamente corrió hacia la entrada y abrió la puerta. No había nadie, el pasillo estaba vacío y a sus pies un sobre, con los ojos bien abiertos miró a ambos lados y agarró el sobre. Se dio vuelta y cerró la puerta tras de él con el pie, caminó despacio observando el sobre con detenimiento y se sentó en la cama con la respiración agitada.
—Ing. Telecomunicaciones y Físico Cuántico, Russell Black —leyó sorprendido la portada del sobre y vio que tenía un sello de carácter confidencial. Su corazón empezó a latir deprisa, nervioso abrió el sobre sin mucho esmero y leyó:
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