En 1950 Estados Unidos vivía la edad de oro de la
ciencia ficción, que nos ha dejado como legado la típica
imagen del cohete
espacial, vehículo de exploradores intrépidos.
Crónicas Marcianas se incuba al calor de esta
imagen. Superficialmente trata de la exploración y conquista de Marte, relatada de modo coral a través de múltiples historias entrelazadas pero absolutamente independientes.
Marte servirá como hilo conductor para mostrar de modo caleidoscópico algunas facetas importantes de lo que es ser humano hoy en día. Quedan reflejados en la obra muchos de los temores y deseos de la sociedad estadounidense de esa época, extensibles a otras coordenadas espacio-temporales, como las nuestras.
Pero si algo distingue a Crónicas Marcianas de otras obras de
ciencia ficción es el ritmo y el encanto con los que Bradbury construye cada relato y que no tardamos en identificar con Marte. Cada uno de estos relatos es un pensamiento, un sentimiento, un recuerdo, un trozo de misterio y poesía, surgido de la misma materia prima que los enigmáticos y trágicos marcianos.
La extraordinaria sensibilidad de Ray Bradbury nos coloca ante un inmenso mirador donde gracias a la pureza del Marte por él inventado podemos contemplar, sin exaltación y sin maniqueísmo, la sencillez que representa una vida, con su belleza cotidiana, sus grandes y pequeñas glorias, sus errores y las implicaciones que traen.
Crónicas Marcianas es una lectura esencial tanto por su calidad como por su contenido.